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Una luz… a pesar de todo

El sentido de lo provisorio y de la incertidumbre que me habita estos últimos tiempos, me lleva a vivir con más conciencia el momento presente. La situación es verdaderamente preocupante.

Nuestros obispos la han resumido muy bien en su carta de Navidad: “El pueblo cubano siente a menudo que está caminando en medio de la noche. Este último año ha sido muy difícil porque la situación de la alimentación, de los medicamentos y de los servicios en general es dramática. La emigración creciente de niños, jóvenes, familias enteras, de obreros y de profesionales se añade al sufrimiento de la escasez material, al dolor de la separación, y deja a muchas personas mayores en la soledad y sin protección. Los salarios no son suficientes para alimentarse como es debido, sin hablar de las otras cosas necesarias a los seres humanos para vivir con dignidad. Las familias y las comunidades cristianas echan mucho de menos a los que aún están en prisión. En el corazón y en el rostro de un gran número de hermanos y hermanas hay confusión, tristeza y desesperación. La economía no avanza como estaba previsto y la posibilidad de enriquecernos con una pluralidad de opiniones y de pensamiento no es reconocida ni suficientemente valorada.”
Y en medio de todo esto, Dios no se cansa de caminar a nuestro lado, de sostenernos y de revelarse en tantos encuentros cotidianos.

La hta. Roselène-Dominique nos comparte: “En mi trabajo de asistenta familiar pagada por el Estado, hace ya un año que acompaño a una persona dependiente y sin recursos. Trabajar con Magda1 me ha dado la posibilidad de conocer a su vecina. Carmela es una mujer a la vez muy pobre y muy rica. Me encuentro con ella casi todos los días cuando va a buscar su pan o la comida de la cantina. Siempre me saluda primero y me pregunta como estoy… Procuramos hablar un poco. Es una relación sin intereses ocultos. Me maravilla ver cómo, a pesar de tantas dificultades, conserva la paz, es capaz de sobrellevar su sufrimiento y llega a salir de sí misma para ir al encuentro del otro. En mi país se diría: “Esta mujer tan buena es Dios en persona”.

Cada noche las hermanitas nos encontramos en comunidad para releer lo vivido en el día. Nos damos cuenta de que esta situación tan complicada no llega a apagar la disponibilidad de tanta gente. Somos testigos de muchos gestos de cuidado, de gratuidad, de atención hacia los más débiles.
Contemplando día tras día la semilla del Reino que permanece viva y fecunda, aprendemos a esperar con paciencia, a mirar con confianza, a comprometernos con responsabilidad y audacia.

Hta. Rosetta

  1. Los nombres de las vecinas han sido cambiados para proteger la privacidad de las personas. ↩︎