Ir haciéndonos hermanitas

Ir haciéndonos hermanitas

No hay recetas… únicamente un camino y muchas preguntas.

No hay un manual, porque cada llamada es única, como lo es cada una de nuestras existencias.

Escuchar, rezar, ir hasta lo más hondo, dejarse acompañar… son balizas en el camino, para que podamos ir haciendo una elección con una libertad cada vez mayor. Ante quienes expresan el deseo de compartir la vida y el sueño de las hermanitas de Jesús, se abre un camino de crecimiento.

La formación inicial es un largo recorrido que se extiende por entre diez a doce años. A menudo nos pide abrirnos a la universalidad y acoger la diferencia, dejar nuestro país y aprender un idioma nuevo. Durante este tiempo se comprometen todas las dimensiones de la persona, para crecer en libertad y poder dar testimonio de la proximidad y la ternura de Dios.

El postulantado

El postulantado empieza con el acto que llamamos “tomar la Cruz”. Dura entre uno y dos años y se vive en una fraternidad inserta, sumergida en un contexto donde se pueda palpar de cerca las realidades sencillas y marginales con las que estamos llamadas a compartir la vida. Es un período de acercamiento, de descubrimiento de sí misma y de la Fraternidad. Un tiempo para verificar si lo que yo había percibido desde fuera corresponde al deseo de mi corazón.

El noviciado

El noviciado es un período de iniciación a la vida religiosa. Tiempo en que se nos ofrecen las condiciones para vivir una profunda experiencia espiritual en el seguimiento de Jesús de Nazaret. Se nos dan los medios para crecer en la vida espiritual, conocernos a nosotras mismas, profundizar en los votos de pobreza, castidad y obediencia. Es un período privilegiado para descubrir cada vez más el espíritu de la Fraternidad y las paradojas con las que una hermanita se va a enfrentar a lo largo de su vida. Es también el primer “laboratorio” donde dejamos que dialoguen nuestras diferencias y tenemos así una idea de la dimensión internacional, que es parte integrante de nuestra vocación.

La profesión temporal

Con los primeros votos se abre el período de profesión temporal. Es un tiempo para dejar que los descubrimientos del noviciado se confronten con la prueba de la realidad y que la vida se vaya unificando por el trabajo del Espíritu Santo, y por una vida de compartir y amistad con nuestros vecinos y compañeros de trabajo. Este período se vive en una fraternidad inserta. Al cabo de algunos años, dos tiempos de formación (el que llamamos “Tronco Común” y los estudios de teología) son, por una parte, una ocasión concreta para abrirnos más a la diversidad y a la universalidad, y por otra, una posibilidad que se nos ofrece para aprender a reflexionar sobre nuestras experiencias y entrar en diálogo con el misterio de Dios y la realidad del mundo.

Año Común

En vistas a los votos perpetuos, el Año Común reúne a hermanitas de todos los continentes. Esta etapa, en la que tenemos tiempos para vivir aún más en unión con Jesús, es una preparación más directa para el compromiso definitivo. Entre otros aspectos, es una ocasión concreta para abrirnos más a la riqueza de las tradiciones de las otras Iglesias y al conocimiento del Islam.

Profesión perpetua

En el transcurso de una misa, la profesa temporal se ofrece definitivamente al Amor de Dios haciendo para toda la vida los votos de pobreza evangélica, de castidad consagrada y de obediencia por amor. Durante esa celebración se le entrega una alianza, signo de la eterna fidelidad de Dios.