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Con las maletas a rebosar… de vida

Hace unos meses, Federica-Modesta dejó la fraternidad de Nápoles para ir a la de Casablanca, donde pronto comenzará su noviciado. Antes de partir, con el corazón agradecido y los ojos llenos de asombro por lo vivido, surge en ella la tensión vital entre la memoria y el futuro, con la certeza de que nada se perderá. Es tiempo de dejar decantar, para ver más claro, para «sentirlo claro»: tantos dones por los que dar gracias, en este tiempo de descubrimiento de la vida junto a las hermanitas, siguiendo al Señor Jesús.

Mis días entre semana han estado marcados por el ritmo del trabajo en la fábrica… Recibí muchísimo en la relación con mis compañeras, que supieron acoger antes que yo nuestra diferencia mutua y al mismo tiempo tender puentes: me enseñaron a hacerlo.

Poco a poco, algunos de mis compañeros vinieron a nuestra casa, e incluso los que no vinieron físicamente ocuparon su lugar entre nosotras, en la oración, en el espacio del corazón que alberga las alegrías y las penas de cada uno.

En estos últimos meses me han hecho muchas preguntas, cada vez con mayor profundidad y confianza: para responderlas debo recurrir al manantial de lo que vivimos, al deseo que habita en lo más profundo de mi corazón.

Un día, un colega, al verme llegar en bicicleta, emocionado me preguntó si lo que me gustaba era el trabajo o el dinero: allí mismo, sudorosa y asombrada, le respondí que ¡lo que me gustaba era la vida! En el transcurso de aquel día, seguí buscando una respuesta más amplia, que me guardé para mí: aquel día, como los demás, había comenzado con la oración común de Laudes, con el canto, con la elección de fijar la mirada en Jesús, con dejar espacio a la gratitud. Seguí trabajando despeinada y agradecida.

En el encuentro con los vecinos y amigos de la parroquia, he saboreado la gratuidad de la acogida, herencia de las hermanitas que han vivido aquí, signo de la huella de bondad que me precede y que no se desvanece con el tiempo. Las nuevas relaciones que estamos forjando en el barrio hablan del deseo de estar juntos, de la escucha y de la amistad. Del sentido de nuestra vida entregada y de nuestra puerta abierta, un sentido posible porque es «bidireccional»: somos acogidos y volvemos siempre con las manos llenas.

Vivimos en un lugar marcado por la violencia e iluminado por la tenacidad; cerrado por el aislamiento y sostenido por una fe probada; atacado por el crimen y liberado por el compromiso con la justicia. Vivimos inmersas en una comunidad que, por destartalada que sea, no se rinde y sigue queriendo dar confianza, sigue extendiendo los brazos y poniendo la cara y el corazón. Veo a mi alrededor mujeres y hombres a los que la vida pide lo imposible y que me enseñan a confiar en el Dios de lo imposible. No siempre ha sido fácil vivir sabiéndome una privilegiada, aunque sólo sea por haber elegido una vida que para tantos es una gran trampa.

Aquí cumplí 31 y luego 32, y gracias a este pedacito de vida me siento un poco napolitana, me llevo conmigo tantas palabras y el terremoto que supuso moverme de mi “parcela” e impactar con la del vecino y encontrar la cercanía-distancia que permitiera la vida nueva.

Es bello, tropp bell (en napolitano en el original ndt). Será hermoso, y alguien me enseñará a decirlo en el idioma adecuado.

No hay medida para este equipaje de mano: me llevo a todas las personas que he conocido, me llevo todo lo que he vivido.

Federica-Modesta