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Una humanidad común

Umoja II es un barrio de Nairobi que vive al ritmo de las actividades de las familias, de los trabajadores, de los comerciantes, de los estudiantes y también de personas menos afortunadas como los alcohólicos y los toxicómanos. También hay personas de diferentes países. Están presentes diferentes confesiones cristianas y el Islam.

El camino sinodal hubiera podido nacer aquí, donde el sentimiento de pertenencia común a la humanidad es real. Aquí la vida es bella. Crecemos a lo largo del tiempo, durmiendo, caminando, trabajando, llorando, riendo, creando relaciones que conducen a la comunión y aprovechando el vivir juntos. Vivimos espontáneamente la sinodalidad, porque cuando alguien muere, contribuimos todos para su entierro, aunque no le conociéramos, y se forma un grupo para juntar fondos. Tomamos el tiempo de escuchar la historia de la persona fallecida y de ver su foto. Nos unimos a la acción de gracias por el nacimiento de un niño o niña, la curación de un enfermo, el éxito de un estudiante en los exámenes de entrada a la escuela secundaria o a la universidad.

Apreciamos a los comerciantes del barrio, que nos permiten vivir el apostolado de la amistad en la calle. Los saludos, en la perspectiva del mundo kenyano (africano) no son un suceso banal, se trata de una actividad espiritual. Los saludos dan un sentimiento de pertenencia al barrio y a una comunidad más amplia. Lo importante no es comprar, sino darse noticias y sostenerse mutuamente.

Las relaciones entre los niños y sus juegos en la calle son una escuela de pequeñez. Observándolos, aprendemos “el poder de la pequeñez” que no conoce barreras. Efectivamente, se abrazan como niños que crecen juntos siendo kenyanos (y no según los grupos étnicos). Cuando se pelean, corren hacia la hta. Anna-Lucia, quien les escucha, les reconcilia y les enseña a pedir perdón y a decir gracias.

Nuestro patio es también un lugar de relaciones.

  • Nuestra vecina Zawadi pasó muchísimas horas sentada fuera en el patio durante su enfermedad y murió el año pasado. Su fallecimiento movilizó a todos los vecinos del patio con sus niños, para acoger a quienes venían, para preparar el té, lavar los platos y rezar con los miembros de la iglesia anglicana.
  • El consejo municipal nos provee el agua del martes por la tarde hasta el miércoles por la mañana. En nuestra parcela somos seis familias, y cada una tiene su manguera y su contador. Cuando llega el agua, vamos todos a buscarla para llenar nuestros recipientes de almacenamiento. El agua nos reúne. Cuando llenamos los cubos, es un momento único en que nos escuchamos, compartimos noticias, nos apreciamos unos a otros. Esto nos ayuda a experimentar la presencia de Dios y su dulzura. La hta Josephine-Ilava llena los recipientes de nuestra vecina, que vuelve tarde del trabajo. A veces el agua no llega en cantidad suficiente y esto provoca tensiones y rupturas de la comunicación. Cuando las tensiones y los malentendidos duran mucho, les invitamos a nuestra casa para tomar un té, leer la palabra de Dios y rezar de una manera muy sencilla. Una de las mujeres, mama Amani, es de otra confesión cristiana. Es nuestro modo de ayudar a curar, a reconciliar las diferencias y a restablecer la normalidad, la vida está delante de nosotras, rica y abundante.
  • Compartir las frutas, las verduras, cuando alguien vuelve del interior del país, o pedir prestado un poco de sal, son signos de confianza.

La hta. Josephine-Ilava visita una vez por semana a los enfermos del barrio que están en el hospital (llamado Mama Lucy). Va con un agente de salud comunitaria y un voluntario del movimiento del Sagrado Corazón. Además, hacen un seguimiento de los pacientes cuando salen del hospital, y visitan a otros enfermos. También nosotras visitamos a los enfermos, sobre todo en nuestro barrio. La hta. Tabitha se ocupa de las personas mayores y de los enfermos de nuestra pequeña comunidad cristiana.

Htas. Anna-Lucia, Joséphine-Ilava, Tabitha-Njoki y Wambui