Sed de una presencia

Basra es una ciudad del sur de Irak. Como está a 550 km de Bagdad, los cristianos de distintos ritos se encuentran bastante aislados del resto de la comunidad cristiana. Por esto, las hermanitas Afnan y Henriette-Josée fueron a visitarles. Se pusieron en camino como Josué y Caleb y, como ellos, pudieron constatar que “esta tierra mana leche y miel” (Nm 13). Volvieron llenas de alegría y de agradecimiento, cargadas con dátiles, libros y una multitud de rostros inscritos en su memoria.
Saliendo de Bagdad, tomamos una autopista que no atraviesa ninguna ciudad ni pueblo durante muchos kilómetros.
En Basra los cristianos son una pequeña minoría que vive en medio de los musulmanes desde hace siglos. Hay católicos de diferentes ritos y algunos ortodoxos. Teníamos el deseo de poder encontrar a unos y otros.
La iglesia caldea nos ofreció su hospitalidad. Monseñor Habib Nawfaly, el obispo de esta comunidad, nos recibió con mucha amabilidad. Es un hombre profundo y muy cultivado: escribe y traduce libros, algunos de los cuales nos regaló. Al final de nuestra estadía nos pide que volvamos de vez en cuando, incluso por poco tiempo, para animar a los cristianos y para que estemos presentes entre los musulmanes.
El viernes por la mañana, fiesta de San Esteban, asistimos a la misa que, según los ritos orientales, es cantada por diáconos, hombres y mujeres.
Al día siguiente, con la ayuda de los catequistas, los dos sacerdotes caldeos, el padre Imad y el padre Aram, juntaron a los cristianos de los ritos caldeo y siríaco para un tiempo de encuentro. Presentamos un diaporama sobre San Carlos de Jesús y otro sobre la hta. Magdalena, para los jóvenes entre 12 y 17 años. Nos impresionaron sus ojos muy abiertos, su escucha, su interés real que se traducía en sus preguntas.
El domingo por la tarde, en la misa celebrada con la intención de la vida consagrada, la hta. Henriette-Josée compartió algunas perlas de nuestro carisma. En esos tres días hicimos varias visitas. El padre Imad, que es de Basra, nos presentó a varias familias. Con él fuimos a la iglesia de la Virgen María. En el patio de la iglesia hay una casa de dos pisos con varios apartamentos donde viven distintas familias que no tienen alojamiento propio. Visitamos cuatro de estas familias. Enseguida fuimos a la iglesia de santo Tomás que fue dañado durante la guerra y que está siendo reconstruida. También allí, en el patio de la iglesia, pudimos hacer una visita. Un poco más allá, visitamos a una mujer sola y enferma. Muchas de estas personas nos han abierto su corazón, compartiendo sus alegrías, sus penas, sus preocupaciones. Nos emocionamos con todos esos encuentros.
Continuamos las visitas con el padre Aram. Estuvimos en una caravana donde viven varias familias, entre ellas un diácono de 90 años. En otro lado, encontramos una mujer que es médica, y que ayuda a muchas familias.
El lunes, último día de nuestra presencia allí, asistimos a la misa con el padre Fidas, de rito latino. Hay sólo unas diez familias latinas. En el patio al lado de la iglesia, hay un gran convento de hermanas dominicas, donde actualmente viven sólo dos. Dirigen una escuela maternal en la que acogen 250 niños, casi todos musulmanes.
No podíamos dejar de visitar al obispo siríaco católico Firas Dordor. La iglesia del Sagrado Corazón, donde reside, está en medio del mercado. Cada día unas cien personas (muchas de las cuales son musulmanas) pasan por la iglesia que está siempre abierta, y confían allí sus intenciones. El obispo nos recibió calurosamente y nos animó a volver y a estar presentes en ese ambiente musulmán.
Una noche nos invitaron a cenar con personas que forman parte de la asociación “El Buen Samaritano”. Es una asociación ecuménica que se ocupa de personas en situación de pobreza.
Nuestra “peregrinación” entre las diferentes iglesias no terminó ahí, nos llevó más allá de las fronteras de las confesiones. La hta. Afnan llamó al Cheikh Hasan Zachary, que vive en esa región. Lo había conocido en un congreso en Arbil (en el norte de Irak) porque él tiene contactos con la asociación libanesa “Adyan” que fomenta el diálogo entre las religiones. En efecto, él también ha fundado una asociación llamada “Encuentros y diálogos”, que propone programas para los jóvenes con el fin de prevenir y disminuir las violencias y el sectarismo. Asistimos a un congreso cultural popular con el padre Aram y el Cheikh Hasan.
Debido al aislamiento de Basra y a la lejanía de Bagdad, notamos la necesidad que sienten los obispos y los sacerdotes de compartir lo que viven, sus preocupaciones personales y misioneras. Los cristianos, e incluso el conjunto de la población, tienen sed de una presencia religiosa. Confiamos a Dios nuestro deseo de poder ir a su encuentro de vez en cuando y esperando esto, llevamos a todo este mundo en nuestra oración.
Htas. Afnan y Henriette-Josée

