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Destellos de luz

En nuestro barrio de Múnich a menudo tengo la ocasión de descubrir pequeños destellos de luz que hacen brillar nuestro día a día.

Ayer, en la parada del autobús, una mujer se dirigió a mí y me dijo que fabricaba estrellas. Empezamos a hablar y me enteré de que siete niños de dos familias albanesas de la vecindad, van a su casa dos veces por semana. Juntos hacen los deberes, tejen cestas o hacen galletas en forma de estrellas. Algunos años atrás, los padres de estas familias contactaron a esta mujer y le pidieron si podía ayudar a sus hijos porque no hablaban alemán. Ella está gravemente enferma y no puede trabajar. Me impresionó porque, en vez de lamentarse por su enfermedad, ofrece su tiempo a estos niños que lo necesitan.

Nuestro vecino Alí es de Turquía, su mujer Elena es de Turkmenistán, y se convirtió en nuestra verdadera amiga. Muchas veces Alí me maravilla. Se va al contenedor con su bolsa de basura y recoge siempre lo que otros han tirado al suelo con negligencia: pañuelos de papel, embalajes y toda clase de pequeñas cosas. Un día, cuando le dije cómo le admiraba, me contestó: “Quiero dar ejemplo a mis hijos para que vean la importancia de preocuparse por el medio ambiente y de conservarlo limpio”. Hace algunas semanas, me asombró ver un cubo de pintura blanca en nuestra escalera: Alí había comprado pintura con su dinero y un día en que no trabajaba, pintó las paredes sucias del pasillo de nuestro edificio. El día siguiente la hta. Monika-Barbara estuvo lavando las baldosas a lo largo de las paredes de la entrada y el agua estaba negra. Es raro que se haga una limpieza profunda. ¡Y no es sólo esto! Pocos días después, unos jóvenes mandados por nuestra sociedad de vivienda, vinieron a pintar las paredes del sótano, que estaban extremadamente sucias. Alí había empezado el trabajo y así había lanzado todo un movimiento tras él. ¡Gracias, Alí!

En la residencia para ancianos donde trabajo tuve la suerte de encontrar a jóvenes de diversos horizontes: venían a realizar unas prácticas, una misión social o una formación.

Un joven etíope me contó que había huido en barco y había viajado durante varios meses hasta llegar aquí. Ahora habla perfectamente alemán y se prepara para pasar el examen final de enfermería.

Le sustituyó Mohamed, de Somalia, que se puso en camino sólo, dejando a su familia a los 17 años, para buscar un futuro mejor en Europa. Desde el inicio me di cuenta de su real interés por el trabajo y le dije que quería apoyarle. Así, encontramos tiempo para rellenar los cuestionarios que recibía para preparar el examen de auxiliar de enfermería. También procuré darle a conocer más a los residentes que ya no pueden comunicar fácilmente, pero cuya historia conozco bien. Ayuda mucho saber algo de un asunto que ha marcado el recorrido de vida de una persona. Estoy contenta de ver que las mujeres ancianas acogen muy bien a Mohamed. Se ha instaurado una relación de confianza entre nosotros. ¡El mejor regalo que me ha hecho ha sido su éxito en el examen práctico, en el que ha tenido la nota “muy bien”!

A veces, incluso tengo la ocasión de hablar francés. Fátima viene de Marruecos. Sus hermanos y hermanas se han dispersado por distintos países de Europa y sólo sus padres han quedado allá. Eran sus primeras semanas de trabajo en la residencia y todo era nuevo para ella. Es la única musulmana que lleva velo, incluso en el trabajo. Me confió que había derramado algunas lágrimas despidiéndose de dos residentes fallecidos, y se sintió aliviada cuando le dije que yo también lloraba. Esto forma parte del camino que recorremos con los residentes: nos conocemos y de cerca, incluso muy de cerca en el momento de los cuidados y luego llega el momento en que tenemos que separarnos. Crecemos juntos como una familia.

Desde el mes de enero estoy jubilada, pero esto no impide que continúe descubriendo los destellos de luz que siguen brotando a mi alrededor. ¡Ojalá nos fuera dado a todos descubrirlos en nuestras vidas y transmitir a quienes nos rodean, la Buena Noticia de la ternura!

“Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará la luz que nace de lo alto y resplandece, para iluminar a quienes viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.” (Lc 1, 78-79)

 Hta. Elisabeth-Franca