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¡Todos juntos!

«¡Aleluya, Cristo ha resucitado!” Este año, esta proclama resonó en todo el mundo el mismo día entre cristianos ortodoxos, católicos y protestantes. A menudo sabemos que los ortodoxos celebran la Pascua en una fecha diferente a la de los católicos, pero sabemos menos sobre la elección hecha por los coptos católicos. Las hermanitas de Moqattam, en Egipto, nos lo cuentan.

La Iglesia copta de Egipto está formada por unos 15 millones de cristianos, en su mayoría ortodoxos. A principios del siglo XVIII, los coptos católicos adoptaron la fecha de Pascua seguida por el rito romano. Así, en un mismo pueblo y a menudo en una misma familia, la Pascua se celebraba en fechas diferentes (según el año podía haber hasta 5 semanas de diferencia). Tras el Concilio Vaticano II y en particular el Decreto sobre las Iglesias Orientales, los jefes de las Iglesias católicas de Egipto se reunieron y decidieron que la Pascua se celebraría en la misma fecha que la de los coptos ortodoxos. Y así desde 1967, todos los cristianos de nuestro pueblo han podido celebrar de nuevo la Resurrección al mismo tiempo.

Este año, no son sólo todos los cristianos de Egipto, sino todos los cristianos del mundo entero serán quienes celebren la Pascua al mismo tiempo: ¡qué maravilloso signo de comunión y de esperanza!

Con este mismo espíritu, nos gustaría compartir con ustedes algunos signos de esperanza y resurrección que iluminan nuestra vida cotidiana…

El año pasado, el lunes de Pascua (que es feriado en Egipto… desde la época de los faraones), la persona que recoge la basura en nuestro barrio en plena noche, pasó por nuestra casa, por la fraternidad, con su mujer y sus tres hijos para desearnos unas felices Pascuas. Les acompañaban varios amigos con sus hijos.     

Nosotras por nuestra parte, fuimos a visitarles en Navidad a su casa del barrio de los recicladores. Cuando nos íbamos, su mujer nos acompañó hasta la puerta y nos dijo: «Vengan a ver dónde trabajo. A las 7.30 de la mañana, cuando los niños se han ido a la escuela, me pongo las botas y los guantes y busco entre la basura hasta las 4 de la tarde para vender lo que se puede reciclar«.    

Este trabajo duro y despreciado les ha permitido matricular a sus hijos en escuelas donde reciben una educación de calidad. Los mayores, de 8 y 9 años, nos dijeron que quieren ser dentistas. Al oírlo, nos alegramos: «La vida demuestra ser más fuerte que tantos obstáculos que hubieran podido aplastarlos”.

También hay dos amigos nuestros, un hermano y una hermana, que en su momento fueron bastante ricos. Ambos tenían buenos sueldos, pero utilizaban libremente su dinero para ayudar a las personas necesitadas de su entorno. A diferencia del joven rico del Evangelio, ellos respondieron a la llamada de Jesús y «vendieron todo lo que tenían para dárselo a los pobres» (Marcos 10, 17-22). Hoy son ancianos y se encuentran en circunstancias difíciles, pero nunca se arrepienten de lo que dieron. Esta sencillez y el hecho de que aceptaran morir según la lógica humana y seguir radicalmente el mensaje de Cristo, nos invitan a hacer lo mismo.

Una madre de nuestro barrio, tras perder a su querido hijo discapacitado, se sintió movida por una fuerza interior para fundar un centro para niños discapacitados en memoria de su hijo fallecido. Lo llamó «El ibn el mahboub», que significa: «El niño amado». Una de nosotras tiene la alegría de trabajar allí. ¡De la muerte de este niño ha surgido vida para muchos otros niños discapacitados! Una muestra más de que la vida es más fuerte que la muerte.

Este camino de muerte y resurrección atraviesa también nuestras propias vidas. En febrero de 2023, la mayor de nosotras tenía la cadera tan mal que ya no podía caminar. Se preguntó: «¿Así va a ser el resto de mi vida?” Finalmente, se decidió por una operación y después de 3 meses con muletas y pocas fuerzas, volvió a plantearse la pregunta: «¿Cuánto tiempo voy a estar así?” Pasaron los meses y, en febrero de 2025 ya camina sin bastón y se siente revivir: «¡Gracias, Señor!” Aquí está de nuevo en pie, caminando, y si las preguntas han cambiado, siguen ocupándola. No ¿hasta cuándo? sino ¿cómo?
«¿Cómo aceptar no querer ‘hacer’ demasiado, sino ‘vivir’ plenamente, respetando la edad y los límites que aumentan y todo esto con alegría?” Este nuevo aprendizaje no podrá darse sin la ayuda del Resucitado, que vivió plenamente cada segundo de su vida, hasta su muerte y más allá.

¡Felices Pascuas de Resurrección!

Las hermanitas de Moqattam,
Htas. Anne-Gaëtane, Grace, Magda-Salam, Odile-Bénédicte, Ruth-Amendu et Tabissa