¡Risas, palabras y amor!

Hace un año que estoy en Roma para aprender francés. Os preguntaréis por qué en Roma para aprender francés. Mucha gente me hace esta pregunta y a veces yo también me la hago.
Hasta ahora, donde he vivido, aunque no supiera el idioma siempre traté de aprender algunas palabras para poder hablar cuando salía a la calle. Aquí, como vine para aprender francés, que me pide ya mucho esfuerzo, no puedo aprender además el italiano y esto hace que sea duro no poder hablar con las personas que encuentro alsalir a la calle.
En los primeros meses, un día que estaba cerca del metro una chica me preguntó algo en italiano. Desgraciadamente yo no llegaba a comprenderla, le dije como podía “italiano no”, pero ella continuó hablando y se empezó a poner nerviosa porque no la entendía. Lo único que podía hacer era contestarle en inglés” lo siento, no entiendo”. Finalmente se fue muy enfadada. He pensado muchas veces en ella y me he preguntado qué quería y por qué estaba tan enfadada conmigo.
Después de ese hecho, me acordé de lo que decía la hta. Magdalena. Lo primero que hay que hacer cuando se llega a un sitio es aprender el idioma. Aquel día comprendí aún más su importancia para tejer relaciones.
Felizmente algunos meses más tarde tuve la experiencia de que basta con algunas palabras, muchos gestos y un poco de valor de las dos partes para que el amor pueda circular.
Un día bajaba la basura con una carretilla y encontré a una pareja sentada al sol en el terreno que queda al lado de nuestra casa. Cuando el hombre me vio, se acercó para ayudarme. Yo no lo aceptaba, porque él tenía más edad que yo. Pero insistió, no me dejaba continuar. Entonces le dejé la carretilla y caminamos juntos. Como no sé hablar italiano, le sonreía mucho, pero él hablaba. A un momento dado comprendí que decía “poco, poco” y pensé que me preguntaba si hablaba un poco de italiano, así que contesté “solo buenos días, buenas noches y gracias”. Se rió a gusto y continuamos el camino. Me preguntó cómo se decían esas palabras en francés. Cuando llegamos delante de los contenedores, me preguntó dónde tenía que poner las diferentes bolsas. Rehusé su ayuda, porque quería hacerlo yo misma. Entonces él mantuvo abiertas las tapas para que pudiera llenar los contenedores más fácilmente. Cuando acabé volvió a empujar la carretilla hasta donde estaba su mujer. Me devolvió la carretilla, pero continuaba hablando. Quería hacerme muchas preguntas. Él hablaba italiano y yo contestaba en francés. Cuando no nos entendíamos, yo suplía con gestos. A un momento dado su mujer nos quiso ayudar, ella tampoco hablaba ni francés ni inglés, pero continuamos conversando los tres con muchos gestos y sonrisas. No siempre nos comprendimos, pero nos reímos mucho. Mis gestos les daban risa y a mí también. Cuando me fui estaba emocionada y les di las gracias desde el fondo del corazón. Se acercaron a mí y me abrazaron como si nos conociéramos desde siempre. Los tres experimentamos una alegría muy grande por ese corto momento juntos.
Hta Tigist