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Un pedazo de la vida en el pueblo

Un pueblecito de Inglaterra, dos hermanas, una india y la otra polaca; un centro de peregrinación, dos santuarios, uno protestante (anglicano) y el otro católico… es la vida cotidiana de nuestras hermanitas de Walsingham.

Con una sonrisa

¡En la vida suceden acontecimientos inesperados! Cuando la hta. Dorinha me pidió que fuera a Inglaterra en el contexto de mi año sabático, enseguida dije que sí, aunque ella me aconsejó que me tomara tiempo para reflexionar.

El obispo de la diócesis de Walsingham me apadrinó y recibí la visa muy pronto. Cuando llegué a principios de julio pasé la primera semana en Londres. Estuve contenta al encontrar a las hermanitas que viven allí y de ver los lugares célebres de esa enorme ciudad.

Después vine al pueblo de Walsingham, donde las hermanitas me acogieron calurosamente. Su apertura me permitió sentirme en casa muy pronto. Como la fraternidad está aquí hace años, tienen muchos contactos. Aprecio mucho el hecho de que, aunque la gente no me conoce mucho, se adelantan y me saludan con una sonrisa.

Al cabo de un mes de haber llegado encontré trabajo en el santuario católico, que no está lejos de la fraternidad. Voy allí cinco días por semana, de las doce a las cuatro de la tarde. Como es un santuario nacional, llega gente de todas las diócesis y de diferentes comunidades.  Muchos son de origen indio o sri lankés.  A menudo piden oraciones y comparten conmigo sus dificultades, así como las gracias que reciben. El otro día me emocioné durante la adoración al ver a un hombre que iba al fondo de la iglesia. Sacó de un sobre tres pasaportes que puso sobre su corazón. Y volvió hasta la primera fila de rodillas, delante del Santísimo. Seguramente que daba gracias al Señor por haber recibido su ciudadanía aquí. Quienes vienen quedan impresionados por la belleza y la sencillez de este lugar en plena naturaleza. Llegan de la ciudad, donde a menudo viven encerrados en apartamentos muy pequeños y aquí los niños pueden correr y mirar los corderos al otro lado de la valla. Muchas veces los veo volver para agradecer a la Virgen las bendiciones que han recibido… el nacimiento de un niño, un examen aprobado. O bien traen a un niño que va a empezar la escuela para que el sacerdote le conduzca la mano mientras escribe su primera palabra. Quienes vienen no se van con el corazón vacío.

Vivo este tiempo con alegría y agradecimiento por el apoyo y el ánimo que me dan las hermanitas. Kathleen y Kasia-Barbara van al trabajo y Pat se queda en casa. Al fin de cada día nuestro compartir y nuestras oraciones transforman nuestras misiones individuales en misión comunitaria. En nuestra vida hay altos y bajos, pero lo dejamos a un lado y continuamos el camino con alegría.

Hta. Elsamma

Ten ánimo

Cuando tengo un día libre, me gusta ir a la playa de Wells a 6 km de Walsingham. Quienes me conocen saben que me han apasionado siempre los fósiles y que me gusta observar lo que la marea ha traído. Hace siete años, un día que me paseaba por la playa, encontré un micraster (erizo de mar fosilizado). Mientras lo recogía para examinarlo, pasó un hombre que miraba lo que hacía. Empezamos a hablar y me di cuenta de lo enfermo que parecía. Su piel estaba amarillenta, no tenía pelo y caminaba con dificultad. Me dijo que eran sus últimas vacaciones porque tenía un cáncer muy avanzado. Me quedé sin palabras, sin saber qué responderle. Al final de la conversación, le ofrecí el micraster y le dije: “Ten ánimo y hasta un día de estos” (pensando en un día delante de Dios)

Pensé muchas veces en él al volver a la playa, preguntándome si aún estaría vivo. Por eso quedé sorprendida hace algunas semanas, cuando un hombre se acercó a mí con una gran sonrisa. No tenía ni idea de quién era, pero me dijo: “¿Te acuerdas que nos encontramos hace siete años en esta playa y me diste un micraster?” Enseguida se me hizo todo presente. Nunca lo hubiera reconocido. Tenía pelo y buena cara. Me contó su historia. Lo habían hospitalizado para un tratamiento largo y doloroso. Al lado de la cama, encima de una mesita, había colocado el micraster. Se había acordado de mis palabras y se las repetía. Un día una enfermera muy amable vio el fósil y le preguntó qué era. Así empezamos una conversación que continúa hasta hoy. Hace tres años que fue “liberado” de su cáncer y la enfermera es ahora su mujer. Habían venido a Wells de vacaciones. Me preguntó: “¿Te acuerdas de lo que me dijiste?… Ten ánimo y hasta un día de estos”. Hete aquí que ese día había llegado. Una mujer joven se acercó a nosotros y tomamos un café juntos. Él le explicó que fui yo quien le dio el fósil.

Cuando entré en la Fraternidad, significó para mí abandonar una carrera en paleontología. Lo hice diciéndome a mí misma que las personas eran más importantes que las piedras. Pero Dios nunca me quitó el amor por las piedras, que finalmente se convirtió en un medio para encontrar a las personas. Repito muchas veces “Ten ánimo” y es lo que deseo a cada uno de ustedes.

Hta. Kasia-Barbara