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Recoger los pasos

Después de 70 años de presencia en diferentes partes del país, hemos cerrado la última fraternidad en México: una realización vivida con gratitud y humildad. Las Hermanitas nos cuentan la historia de este a-Dios.

“Todas las cosas bajo el sol tienen un tiempo y un momento:
Hay un tiempo para nacer y un tiempo para morir” (Eclo. 3,1s)

Todas las cosas tienen un tiempo y un momento en la vida, que la apertura y el cierre de una fraternidad son igualmente importantes y merecen ser vividas con la misma “dignidad”, con conciencia y fe, como parte de la misión.

Por eso decidimos marcar estos acontecimientos con un rito que se celebra en México cuando una persona muere: hay una necesidad de “recoger sus pasos”. Antes del entierro, se lleva el ataúd a los lugares donde la persona vivió, lugares que recorrió, que habitó y que impregnó con su alma. Este viaje retrospectivo permite la toma de conciencia de la historia personal y el cierre del ciclo de vida en paz, a fin de iniciar otro nuevo.

Adaptamos este rito a nuestra situación y fuimos en peregrinación a los diferentes lugares donde hemos estado presentes en uno u otro momento de los 70 años de historia de la Fraternidad en este país. Nuestro deseo fue “recoger los pasos de la Fraternidad en México” en acción de gracias y penitencia: lo importante fue ir a rezar a los diferentes lugares de inserción. Para ello, preparamos dos oraciones. Una que rezamos en nuestra capilla antes de salir a peregrinar y, la otra, que rezamos en los diferentes lugares, al tiempo que dejamos una flor y una vela.

Estuvimos en 4 estados del país y 13 lugares de inserción. Fuimos a rezar en las casas que habitamos, en algunos lugares de trabajo y en algunas iglesias que frecuentamos. Constatamos cómo, en cada lugar, NUESTRA BRÚJULA fue siempre Jesús en el pobre, en el pueblo que camina en busca de tierra, casa, trabajo. Sí, en la historia nos dejamos guiar por esa luz a pesar de nuestros límites. Vimos y tocamos en cada lugar los cambios: casitas pintadas, canal de aguas sucias limpio y transporte asegurado.

Por los caminos encontramos perlas preciosas e inesperadas. Esta peregrinación ha sido toda una experiencia espiritual para cuidar la memoria, leer experiencias de vida y desarrollar el agradecimiento. Nos ayudó a reconciliarnos con un pasado que no siempre fue fácil. Quedamos con las manos vacías frente al misterio, contentas de haber recordado, celebrado, pedido perdón. Guardamos en nuestro corazón lo que nos escribió un amigo obispo: “A veces, desde nuestra pequeña mirada, tenemos la impresión de que nuestras presencias y nuestras acciones quedan sólo en el monte Calvario: muerte y soledad, semilla caída en tierra en la oscuridad y en el silencio expectante para una vida nueva. En esta presencia de las Hermanitas de Jesús en México se vive nuevamente la experiencia del hermano Carlos. ¡Fieles herederas de su carisma!”. ¡QUE ASÍ SEA!  AMÉN. AMÉN.

Htas. Giuseppina Donata, María de Lourdes, Soun Hw