Estar en casa

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Estar en casa

Cada año, Taizé organiza un encuentro ecuménico en una ciudad europea. Como muchos jóvenes, partimos hacia Liubliana, en Eslovenia. Marysia, una joven recién llegada a la Fraternidad, se unió a un grupo polaco con el que participó en el encuentro. Como los demás, fue acogida por una familia eslovena que la alojó en sus casas. Las hermanitas Blazenka, Mira y Sonja-Marija llegaron de Zagreb y participaron en los tiempos de oración.

Marysia comparte: «He vivido una verdadera lección de hospitalidad y amabilidad no solo con nuestra familia de acogida sino en general. Me conmovió mucho la apertura y el interés con de la gente. Hablando con muchos de los jóvenes, vi que la mayoría habíamos experimentado un verdadero «estar en casa»: ser parte integrante de la familia, de la parroquia, «estar en casa» en las relaciones sencillas, en la Iglesia.
Para no perderme todos esos gestos sencillos, esas palabras, la sutil bondad y ternura de Dios reveladas en nuestra vida cotidiana, tuve que estar atenta y escuchar. Escuchar la manera en que la Palabra de Dios se ha hecho carne en personas concretas, en encuentros inesperados y sobre todo en la oración, que ha unido a tantas personas diferentes entre si; los que han servido, los que han intentado encontrar su camino y aquellos para los que Taizé es algo familiar. El hermano Matthew, prior de Taizé, escribió en su carta para 2024 que «escuchar es un acto de amor» y «cuando escuchamos a alguien de manera desinteresada, le damos un espacio para existir». He vuelto de Liubliana con el deseo de hacer un esfuerzo concreto, cotidiano, que puedo hacer todos los días (pero que tantas veces olvido…) para vivir el amor, en su suave presencia, que se expresa en gestos tan sencillos, al alcance de todos y cada uno de nosotros».

Nosotras tres, Blazenka, Mira y Sonja Marija, nos alojábamos con las Hermanas Franciscanas Misioneras de María. Su sencillez y cálida acogida nos hicieron sentir como en casa.

 Más de cinco mil jóvenes de todas las confesiones cristianas, procedentes de 48 países, llegaron a Liubliana. Casi 200 procedían de Ucrania, pero también había jóvenes de Rusia, Bielorrusia, Croacia y muchos de Polonia.

Para Eslovenia, un pequeño país todavía muy marcado por el comunismo, fue un acontecimiento increíble que tantos jóvenes de tantos países diferentes vinieran a rezar juntos. Liubliana está en la encrucijada entre el Este y el Oeste, el Norte y el Sur, y rezar juntos mostró simbólicamente nuestro deseo de vivir como una familia europea en Cristo.

Es también un signo de esperanza para el mundo en que vivimos: un signo de que la colaboración es posible, de que podemos ir más allá de nuestros propios intereses y egoísmos, levantar la vista de nuestros smartphones y ver el rostro de nuestros vecinos, nuestros hermanos y hermanas, compartir nuestras experiencias de fe y también nuestras dudas, cantar y estar juntos durante un tiempo en silencio.

Terminamos dejándoos este versículo del Salmo 36, que es el canto que Taizé compuso para este encuentro.

Htas. Blazenka, Marysia, Mira y Sonja-Marija