Enséñame qué es la vejez


Le pregunté a una florcita amarilla: “Enséñame qué es la vejez” y la florcita amarilla me contestó:
«Estoy aquí sólo por un día, pero he esperado largos años a que las lluvias de invierno me permitieran florecer, así que supongo que te puedo hablar de la vejez, porque me siento muy feliz al poder ofrecerte, después de una espera tan larga, un momento de alegría, aunque sólo sea por un día».

Le pregunté al viejo saguaro: “Enséñame qué es la vejez” y el viejo saguaro me contestó:
«Nunca somos demasiado viejos para ofrecer hospitalidad, para acoger a los extranjeros en nuestro corazón. Tal vez construirán en él un nido, como el pájaro carpintero en mí. Cuando se hayan ido, otros llamarán a tu puerta, contentos por ocupar el nido ya hecho que van a encontrar. Aprende también a amar tus cicatrices. Permíteles que sean fuente de vida para los otros, y así las de los demás lo serán para ti».

Le pregunté al ocotillo: “Qué me puedes enseñar sobre la vejez?” Y el ocotillo me respondió:
«Procura adaptarte y soltar cada vez que es necesario. Deja caer tus hojas cuando tengas un período de sequedad, y confía: aparecerán hojas nuevas cuando vuelvan las lluvias«.

Le pregunté a la creosota cómo vivir la vejez y la creosota me dijo:
«Sé atenta, dejando un poco de espacio a quienes te rodean. No tienes necesidad de emitir toxinas como yo para eso. Pero deja el espacio respetuoso que necesitamos cuando envejecemos».

Les pregunté a los millares de piedras: “Enséñenme qué es la vejez” y las piedras me contestaron:
«Si sólo pudiéramos hablar de todas las maravillas que hemos visto durante millones de años. Conservamos secretos y tesoros que no podemos compartir. Así que tú, comparte tus historias, los tesoros de tu corazón, los secretos que guardas con tanto cuidado, porque así como los nuestros nos han sido dados para que los guardemos en silencio, los tuyos te han sido dados para que los compartas. Está claro que hay secretos que no puedes compartir. Es fácil compartir el paisaje que nos rodea, pero no es tan fácil compartir el paisaje del corazón».

Le pregunté al palo verde: “Enséñame qué es la vejez” y el palo verde me habló de la desnudez:
«Podemos estar desnudos por fuera, como mis ramas verdes, pero nunca por dentro. Podemos parecer desnudos de todo, pero no de lo que está en el interior; a menos que la vida te pida que abandones hasta eso».

Le pregunté a la luna llena: “Háblame de la vejez” y la luna llena me dijo:
«Conocerás crecientes y menguantes, plenitudes y disminuciones. En la plenitud es difícil ver las estrellas, pero en la disminución brillan».
Quería preguntarle a la “Reina de la noche” sobre la vejez, pero no la encontré.
Quería conocer el secreto de su discreción y su apagamiento. ¡Tal vez haya mucho de esto en la vejez! Incluso sus flores aparecen por la noche… ¡qué belleza escondida! Creo que hubiera podido decir: «Busca con tesón la belleza escondida».

Le pregunté a la cholla: “Enséñame qué es la vejez” y la cholla me contestó:
«Es bueno que los jóvenes y los viejos estén juntos y aprendan unos de otros, como mis viejos frutos que parecen quedarse ahí mientras los brotes nuevos y las flores se forman. Escucha a los jóvenes. Toma en serio lo que dicen y ellos florecerán».

Y le pregunté a la serpiente de cascabel que estaba sentada cerca de mí: “¿Qué me puedes enseñar sobre la vejez?” y la serpiente sentada cerca de mí me dijo:
«No dejes que el miedo te paralice. Si tienes miedo de hacer algo, anda y hazlo, y tu miedo desaparecerá. No olvides que el único verdadero ‘lugar seguro’ se encuentra en lo más profundo de ti».

Y le pregunté a la tierra: “Enséñame lo que es la vejez” y la tierra me contestó:
«Sostener a los demás es algo sagrado, aunque se corra el peligro de ser aplastada al hacerlo. Pero me digo a mí misma: ’Sé una tierra sagrada, y elige serlo con alegría y sin resentimiento, y serás bendecida con una vida llena de sentido’. Así que, también tú, sé una tierra sagrada para los otros. Con la edad, cada vez se entiende mejor. Y déjate modelar y desplazar por el viento y la tempestad. Tal vez serás llevada a lugares aún desconocidos, pero también ellos pueden volverse tierras sagradas».

Hta Joel
Pasajes del texto “Las tierras salvajes del desierto de Sonora. Una reflexión”