El mosaico de nuestras vidas

En la India somos un hermoso “mosaico” con todas nuestras variedades: de culturas, de religiones, de grupos étnicos y lingüísticos. Aquí las diferencias hacen parte de la vida, ni siquiera nos preocupan, ya que todos hemos crecido con amigos de otras religiones y culturas. Consideramos las diferencias como algo normal… ¡y las vivimos como podemos!
Por ejemplo, en la Fraternidad somos 27 hermanitas indias, y pertenecemos a 6 grupos lingüísticos.
Me ha gustado siempre encontrar personas que tienen valores y culturas distintas de la mía. Al mismo tiempo, cuando encuentro a una persona diferente de mí, no es siempre fácil. Al principio siento un cierto malestar porque no la conozco. Pero una vez que se rompe el hielo y doy un paso hacia ella, descubro lo que hay de grande en esa persona y poco a poco, crece entre nosotras algo más profundo. El encuentro de nuestras diferencias se convierte entonces en una experiencia enriquecedora.
Encontrar personas de otros horizontes, intercambiar nuestros puntos de vista, abrirme a nuevas tomas de conciencia, son oportunidades de crecimiento. Es también una invitación a trabajarme, a ver dónde están los obstáculos que me impiden participar en este encuentro, reconocerlos y pedir ayuda. A lo largo de los años he tenido que crecer en la aceptación de mí misma en cuanto persona distinta de las otras y esto me ha hecho ganar libertad. He podido reconocer que las otras contribuyen a mi crecimiento. Me he vuelto cada vez más consciente de mis fuerzas y de mis límites.
Se trata de un proceso personal, pero también comunitario. He necesitado tiempo para comprender que nuestra manera de ver las cosas era distinta y que a veces esto provocaba tensiones, malentendidos. En esos momentos aprendí a dialogar y también a reconocer mis errores, a pedir perdón para poder continuar caminando juntas. Es un camino de conversión que aún hoy continúo recorriendo, a los setenta y cinco años.
Tres certezas están en la base de nuestra vida comunitaria: es posible vivir juntas, respetarse y amarse sabiendo que somos personas diferentes. Además, estas diferencias se inscriben en el plan de Dios.
“¡Vean qué amable y delicioso es que vivan unidas las hermanas!” (Salmo 133)
El encuentro con el hermano Carlos y con la hta. Magdalena me abrió los ojos sobre el aspecto universal de nuestra vocación.
En 1976 estuve en Argelia con otras hermanitas. Al llegar a Argel, las hermanitas que estaban allí nos acogieron. Un gran amigo de Touggourt (Argelia), de los primeros tiempos de la fundación, estaba allí también para un tiempo de descanso. Al vernos, exclamó: “Mi Madre (llamaba así a hta. Magdalena) me dijo que un día habría hermanas venidas de distintas partes del mundo. ¡Ahora las veo!”. Esta intuición profética de la hta. Magdalena es nuestra riqueza y ha marcado el conjunto de la Fraternidad con una “nota” particular que tiene aún su pleno sentido en el contexto de nuestro mundo de hoy. Sobre todo, cuando los medios de comunicación se han convertido en un instrumento poderoso de difusión de una propaganda mentirosa que tiene tendencia a dividir, a romper las relaciones.
Para terminar tal como he empezado, insistiré en que vivir las diferencias es para mí una oportunidad y una invitación al crecimiento, un reto y una llamada constante a la conversión… ¡Un largo camino que no sería posible sin la convicción de la presencia de Dios en mí y en cada persona!
Hta. Mariyananda


