El ‘’campamento de las hermanitas’’

Hace 70 años, dos hermanitas se acababan de instalar en Alice Springs, pequeña ciudad en el centro de Australia.
Dos años antes, durante su vuelta al mundo, la Hta. Magdalena había descubierto la situación de los aborígenes y deseaba que algunas hermanitas pudieran vivir en medio de ellos. En esa época, la situación de este pueblo era extremadamente difícil: vivían en campamentos y no tenían derecho a desplazarse. Si trabajaban no les pagaban, solo les daban de comer…
Debido a todos los reglamentos impuestos a los aborígenes, a las primeras hermanitas nos costó entrar en contacto con ellos. Por eso, para empezar, pedimos trabajo en el hospital donde les atendían. Podíamos visitar a los enfermos, pero además había mujeres aborígenes o mestizas que trabajaban en la lavandería, y las ayudábamos. Eran oportunidades para relacionarnos.
Después, elegimos ir una vez por semana de visita a un lugar que llamaban Bungalow. Unos 300 aborígenes vivían allí en pequeñas chozas que ellos mismos construían.
Al principio llegábamos y nos sentábamos debajo de un árbol. Llevábamos algo para comer, para poder quedarnos todo el día, pero nadie venía a nuestro encuentro. Un día una mujer llamada Old Jenny, vio que no conseguíamos encender el fuego y nos mandó a su nieta para que nos ayudara. Otro día, su nieta vino a decirnos que fuéramos a su casa porque había comenzado una lluvia violenta. Era la primera vez que entrábamos en la choza de una persona aborigen. A partir de esos pequeños gestos, nació una gran amistad. Esta mujer nos «adoptó» como sus propias hijas y a partir de ese momento formamos parte de su tribu.
En 1958, cuando vivíamos en el centro de Alice Springs, nos mudamos para empezar un noviciado y nos instalamos en la periferia. Esperábamos así estar más cerca de los aborígenes y que ellos pudieran venir a vernos más fácilmente. Para facilitar las relaciones, empezamos también a aprender su idioma.
Como teníamos un terreno con un grifo de agua, hubo aborígenes que vinieron a instalarse cerca de nosotras. Poco a poco, con la ayuda de una organización compuesta por voluntarios de diferentes Iglesias con quienes estábamos en contacto, se construyeron sanitarios y duchas. Las condiciones del campamento mejoraron y gracias a estas reformas se convirtió en un campamento oficial. Con gran sorpresa nuestra, le llamaron «el campamento de las hermanitas».
Durante todos esos años, el gobierno aplicaba una política de asimilación y sacaban a los niños mestizos de sus familias para “educarlos” según el modelo “europeo”. Los metían en internados y les enseñaban los valores de los ciudadanos llamados “australianos”. Esta política y todas las diferencias entre aborígenes “puros” o mestizos eran otro sufrimiento que les infligían.
A finales de los años 50, todos los que tenían sangre 100% aborigen fueron obligados a vivir juntos en campamentos construidos por el gobierno. Daban a cada familia una casita de hojalata, idéntica a las demás. Allí también, una serie de reglas regía sus vidas: tenían que comer en la cocina comunitaria, eran obligados a controles médicos… todo esto para enseñarles a vivir como “la gente de piel blanca”.
El obispo de entonces siempre nos había prohibido que durmiéramos en Bungalow… por miedo de lo que la gente iba a pensar. Cuando el gobierno llevó por la fuerza a los aborígenes al campamento de Amoonguna, fue la ocasión que esperábamos hacía mucho tiempo, y pedimos al gobierno que nos dejaran vivir allí también. Nos lo negaron, pero los aborígenes nos defendieron diciendo que ellos nos protegerían. No nos dieron una casa, pero obtuvimos el derecho de instalar una caravana en ese terreno. ¡A partir de entonces, pudimos vivir realmente en medio de nuestros amigos!
En 1967 los aborígenes fueron reconocidos finalmente como ciudadanos australianos de pleno derecho. Más tarde, en 1976, una nueva ley les permitió volver a vivir en sus tierras originarias. Así que, en los años 80, nos pusimos en camino para ir a encontrar a nuestros amigos en los diferentes lugares donde vivían. Cada seis meses, viajábamos de un campamento a otro. En todas partes encontrábamos familias y amigos que habíamos conocido a lo largo de todos esos años.
Esta época se acabó y, vista nuestra edad, hace cuatro años tuvimos que irnos de Alice Springs. Actualmente, las cuatro hermanitas que estamos en Australia, vivimos en Adelaïde. Ahora nos separan millares de kilómetros de nuestros amigos, pero en nuestros corazones permanece grabado todo lo que hemos vivido y este pueblo está siempre presente en nuestras oraciones.
Las hermanitas de Australia
Htas. Cherryl, Claire-Marcelle, Magali y Maria-Bach




