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Adaptarme

Hace casi tres años que la hta. Chantal-Magdalena comparte la vida de una comunidad de 35 hermanitas, en su mayoría en etapa de envejecimiento. Ella recorre a su ritmo este camino de desprendimiento y de adaptación.

Cuando me hice la pregunta: ¿cuál es la prioridad de mi jornada? me di cuenta de que mi trabajo en el lavadero de casa no era un lugar para «urgencias». Tuve que romper con mi costumbre de «hacer las cosas rápido y bien». La prioridad es ajustarme a nuestra misión de oración y estoy contenta de hacerlo, porque tenemos el tiempo para ser fieles a ella. Llevar al Señor las intenciones que nos han sido confiadas mantiene mi mente y mi corazón abiertos al mundo.

La etapa de la vejez es también el momento de adaptarme a mi cuerpo, cuando el cansancio se hace sentir cada vez más y las disminuciones físicas me perjudican en mayor o menor medida… Formé parte de “Fe y Luz” hace unos treinta años y acabo de reintegrarme al mismo grupo. Admiro el coraje de las familias y de las personas discapacitadas, que también envejecen. La alegría que aportan a nuestros encuentros y su manera afectuosa de expresar su amistad me ayudan a redescubrir la sencillez de mis propias relaciones con los demás.

En “El Principito” leemos esta frase: «¡Es el tiempo que has perdido con tu rosa lo que hace que tu rosa sea tan importante!” ¿Y si mi rosa fuera la vida fraterna? Hay tantas oportunidades de ayudarse mutuamente, teniendo pequeñas atenciones unas hacia otras. Esa también es una escuela de adaptación, en las diferencias de temperamento, de formas de ver los acontecimientos, de maneras de dar alegría a las celebraciones fraternas.

Lo que hace florecer mi rosa es que cada una es animada a poner sus dones al servicio de la comunidad. Ya sea con el tejido, el dibujo, la música o ¡incluso la danza! Así es como retomé mi cítara para alabar al Señor y para alegría de mis hermanas. A través de esta vida fraterna profundizo en la ternura de Dios por cada una de nosotras. Y sigo aprendiendo a amar y a dejarme acompañar y amar en la confianza.

Hta. Chantal-Magdalena