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¡Abran las puertas !

Un año acaba de pasar, otro se abre ante nosotros. En el contexto tan difícil que atraviesa hoy el mundo, quisiéramos pintarles este año, como el anterior, con los colores de la esperanza. A algunos kilómetros de nuestra casa, en el centro de Roma, en la plaza de San Pedro, se acaba de abrir la “Puerta Santa”. Van a llegar un montón de peregrinos, pero, de hecho, cada una de nuestras casas está invitada a convertirse en una “puerta abierta” para insuflar esperanza en nuestro mundo.

Hace ya algunos años conocimos a Mateo. Se encontraba muy aislado, debido a su discapacidad. Es sordomudo y es muy difícil, para él y para los demás, conseguir entablar una relación. A menudo incomprendido, se irrita fácilmente en cualquier circunstancia. También en la iglesia le cuesta encontrar su lugar. Como no oye, sin ni siquiera darse cuenta hace mucho ruido y la gente considera que molesta. Ante esta situación, nos hemos preguntado: ¿cómo hacernos cercanas, cómo ir a su encuentro? ¿cómo abrir una puerta donde otras se cierran? Tuvimos entonces la idea de invitarlo a pasar un ratito con nosotras el domingo por la mañana. Acabó por instaurarse una cita regular: un tiempo de encuentro alrededor de una taza de café, muchos gestos y frases escritas en trozos de papel, para aprender poco a poco a conocernos y a comprendernos. Se fue creando un pequeño ritual y acabamos nuestros encuentros en la capilla. Pero también allí, hemos tenido que aprender a entendernos. ¿Cómo hacer que el Evangelio sea comprensible, cuando las palabras son tan limitadas? Emprendimos un camino, utilizando un evangelio para niños con dibujos que suscitan en él preguntas, a las que procuramos contestar. Hicimos también un cuaderno con algunas oraciones conocidas, que podemos rezar juntos…

A menudo nos enseñaba el anillo que tenía en el dedo diciéndonos que se llevaba un trozo de tarta para compartirlo con su mujer, pero como ninguna de nosotras la había visto nunca, era un misterio. Algún tiempo más tarde, encontramos a Carla en la puerta de una tienda. Ella también es sordomuda y está paralizada del lado derecho. Suponíamos que íbamos a encontrar una persona en cama, muy enferma, y descubrimos una mujer activa, llena de vida, que se vale por sí misma. Ahora cuando vienen, lo hacen los dos. Hemos tenido la ocasión de encontrarnos en muchas fiestas, celebramos en nuestra casa sus cuarenta años de matrimonio, todos juntos, como una gran familia. Carla nos trae regularmente comidas deliciosas que ha preparado, o maravillosos bordados que hace con su única mano sana: puertas abiertas que dejan ver su bondad, el deseo que tienen ambos de compartir más allá de sus dificultades de comunicación, su sed de amar y de ser amados. Cuando nos encontramos en la capilla al final de cada una de sus visitas, nos conmueve ver a Mateo explicando él mismo a su mujer, por signos, los textos bíblicos. Últimamente nos invitaron a las cinco hermanitas a su casa!

La confianza nació, creció y ahora se propaga también a otras relaciones. Como tenían una fuga en un grifo de agua en su departamento, les pusimos en contacto con nuestro plomero. Se hicieron amigos y le llaman al mínimo problema en la casa. También dimos a conocer nuestra peluquera a Carla y seguimos acompañándola, para ayudarlas y que puedan entenderse. Ofrecieron todo un servicio de mesa para el mercado del santuario, y a su vez recibieron pequeños regalos. Al descubrir el niño Jesús que le dábamos, Carla se echó a llorar. Todo esto, que vemos con ojos maravillados, son signos de lazos que se tejen, signos de esperanza, de relaciones que siempre se pueden reconstruir, de puertas que se abren de ambos lados cuando unos y otros se sienten comprendidos y acogidos…

A todos ustedes queremos desearles un año en el que podamos abrir las puertas y los corazones a la esperanza. Así este año podrá ser un verdadero año santo para todos y todas, hombres y mujeres, creyentes y no creyentes… ¡todos peregrinos de la esperanza!

Htas. Giusy, Luigina-Maria, Maria-Fausta, Ninfa-Maria y Sofia