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Cuando la unidad produce cantidad

Todo empezó con un correo electrónico que recibimos a finales de octubre. El equipo del Santuario de Fátima (Portugal) encargado de la “Peregrinación de los niños”, le pedía a nuestra fraternidad si conseguíamos preparar 20.000 Niños Jesús de barro para el regalito-sorpresa que iban a dar a los niños al final de su peregrinación en el mes de junio.

A primera vista, nos pareció ¡simplemente imposible! En nuestro pequeño taller, la hermanita que trabaja a tiempo completo fabrica apenas la mitad de esa cantidad… y eso, en un año entero y con otros encargos a los que responder también.

Pero no nos desanimamos por esto. La idea de ofrecer a 20.000 pequeños un Niño Jesús sonriente, signo del Amor de Dios lleno de ternura por cada uno de ellos, nos llegaba al fondo del corazón. Así que tuvimos la idea de pedir consejo a la hermanita que supervisa un poco la artesanía y es nuestra referente a nivel mundial.

Vista la cantidad que nos pedían… ¡esta propuesta le generó muchas dudas! Efectivamente, el artesanado de Tre Fontane también muy ocupado, poco nos podía sostener en este proyecto. ¿Tal vez se podía pedir ayuda a otras hermanitas artesanas de Europa?…

Una llamada después de otra, el entusiasmo se propagó. Otras hermanitas se sentían interpeladas: ¡este Niño Jesús, que se hace tan pequeño, abordable, para revelar a cada persona la ternura del Padre, es el corazón de nuestra vocación! Dar a conocer este mensaje forma parte de nuestra misión: no podemos dejar pasar una ocasión como esta… pero 20.000, ¿era realista?

Las respuestas llegaron en cuentagotas: “Yo puedo hacer 300”, “Yo, mil”, “Yo, algunos” … Gotitas pequeñas que se multiplican para empezar a formar un río.

Cuando vimos que otras fraternidades estaban dispuestas a lanzarse con nosotras en la aventura, nuestra mirada cambió, nuestros corazones se transformaron y con unanimidad contestamos: “Si es así, nos comprometemos a llevar este proyecto hasta el final”.

Nos organizamos y nos pusimos a la obra, cada una proponía su parte. Algunas se pusieron a estampar (poner el barro, apretar y hacerlo salir de los moldes), otras a retocar (corregir las imperfecciones a la salida del molde), otras aún a contar, envolver o encargarse de los servicios de las otras para dejarlas libres para la artesanía… Incluso la hermanita que no podía hacer nada con sus manos, pero estaba convencida que esta “locura” estaba en la línea de las audacias de la hermanita Magdalena, se comprometió a rezar todos los días para pedir al Señor que nos diera la fuerza de llegar hasta el final.

En Francia, una hermanita artesana se puso a coordinar a diferentes hermanitas para poder llegar a una producción más significativa. De Zagreb a Czestochowa y también a Praga… la noticia se fue propagando como una bola de nieve por Europa. Descubrimos que solas no podemos nada, pero que juntas, podemos “algo” …  ¡incluso mucho!

Aún el taller de Tre Fontane, que pensaba no poder hacer “casi nada”, terminó por mandarnos algunos Niños Jesús y a una hermanita artesana para ayudarnos. Ella trabajó a tiempo más que completo, de mediados de enero a finales de abril, sin otro proyecto que el de permitir que los niños pudieran recibir ese pequeño signo de ternura.

Todas nos activábamos, trabajábamos mucho, a menudo hasta bien entrada la noche. Las semanas pasaban, contábamos y volvíamos a contar… Lo podíamos conseguir, haciendo un gran esfuerzo, pero así y todo era un poco justo para llegar a la cantidad requerida en la fecha marcada. A principios de marzo, dándonos cuenta de que aún necesitaríamos otra ayuda, volvemos a hacer una llamada… Una hermanita responsable regional de Europa se deja conmover y encuentra una hermanita que sabe hacer Niños Jesús y acepta venir a ayudarnos. Como por milagro, 48 horas más tarde esa hermanita nos llega de Bratislava y de mediados de marzo a finales de abril ofrece también todo su tiempo y sus capacidades para esta obra de amor.

El último mes llegaron a nuestra casa, por autobús o por el correo, varios paquetes bien protegidos. Nuestros ojos maravillados los abrían uno a uno, descubriendo cada pieza con la alegría de ver que, gracias a la ayuda de todas, nos aproximábamos cada vez más al objetivo que debíamos alcanzar.

Los últimos Niños Jesús llegaron de Francia por “convoy excepcional”: dos hermanitas y una amiga de la Fraternidad se habían puesto en camino para traernos su producción. Efectivamente, esta amiga que sabía de nuestro proyecto y quería contribuir, no quería que este trabajo fuera confiado a personas desconocidas para el transporte y deseaba realizar ella misma el trayecto para asegurarse de que todo el cargamento llegara sano y salvo a Fátima. Entretanto, otros amigos interesados también en nuestro proyecto, habían dado dinero para financiar el transporte.

Al principio, una hermanita nos había dicho: “¡No sé si hay que alabar su fe o pensar que están completamente locas!” Al final hemos visto que, con el trabajo, también la alegría se había multiplicado. Porque muchos otros, amigos o desconocidos, vibraron con nosotras, esperaron con nosotras que esta “locura” pudiera llegar a término para la alegría de los 20.000 niños, pequeños peregrinos de la esperanza, esperados en Fátima este año.

Las hermanitas de Fátima

Un pequeño video realizado por el Santuario de Fátima para mostrar a los niños cómo se hicieron los Niños Jesús.