Tierras y corazones fértiles

¡En Wushwush, en el sudoeste de Etiopía, la vida fluye y la comunión mana como de una fuente! Vivimos en un pequeño rincón del paraíso, un verdadero «manantial verde» y exuberante en el borde del bosque.
La tierra es fértil y generosa. Cuando la trabajamos, da sus frutos en abundancia. El árbol del café con sus flores blancas es como una fuente desbordante de espuma en medio de un gran pozo de verdura. Tenemos también piñas muy dulces y apreciadas, así como aguacates y bananas… La belleza de la naturaleza nos alegra y renueva nuestro espíritu.
Pero no somos las únicas que vivimos en este rincón de paraíso y a menudo tenemos que compartir los frutos de nuestro trabajo con los monos u otros animales salvajes. Estos monos traviesos no nos piden permiso, sino que se sirven exactamente como si estuvieran en su casa. Agiles y perspicaces, saben exactamente cuando tienen que recolectar lo que está a punto de madurar y a menudo se anticipan algunos días a nuestra cosecha. ¡Aunque nos gustaría guardarlo todo para nosotras, la naturaleza nos enseña a compartir!
No compartimos nuestras cosechas sólo con los monos y felizmente hay colaboraciones más equilibradas. Por ejemplo, plantamos café y lo cuidamos con la ayuda de la gente del pueblo. Queremos también compartir una bonita historia que nos pasó este año. Uno de nuestros amigos cultivaba plantas de “falsos bananos”, cuyo tronco y raíces sirven para preparar “kocho”, una especie de pan. La tierra donde crecían pertenecía a otra persona, y un día le pidieron que dejara el terreno. Como no sabía qué hacer con sus plantas, vino a vernos, porque nosotras teníamos más espacio. Juntos preparamos un trozo de terreno y replantamos allí sus bananos. Ahora compartimos sus frutos. Está muy contento y nosotras también, porque aquí la vida está hecha sobre todo de solidaridad y crecimiento común.
Este rincón de tierra llamado “el manantial verde” es muy rico en el plano natural, mas no únicamente. Se encuentra aquí un grupo minoritario, a menudo marginado en esta región. Felizmente, desde que llegamos pudimos crear lazos muy hermosos con varios de ellos. Se sienten cálidamente acogidos en la fraternidad y somos recibidas en sus casas con el mismo entusiasmo. Vemos ahí que también nuestro carisma da frutos en esta región de corazones y tierra fértiles. Este carisma nos invita a acoger a todos como nuestros hermanos y hermanas.
Últimamente, una de nuestras vecinas, viuda, sin familia y sin tierra, perdió también el lugar donde se alojaba. Una noche llegó a nuestra casa, buscando refugio. Después nos dijo que éramos las únicas a quien se atrevía a pedir ayuda.
La acogimos mientras se buscaba una solución más duradera. Lo confiamos a vuestras oraciones.
El año pasado, la vida, que suele ser tan generosa por aquí, pasó por una fuerte prueba. Una epidemia desconocida azotó la región, llevándose muchas vidas. Muchos murieron sin llegar a saber de qué sufrían. Hasta entonces, no habíamos conocido ese tipo de “malaria”. Sufrimos con nuestro pueblo y con todas aquellas personas que perdieron miembros de sus familias.
En este rincón del paraíso, en este momento acogemos un noviciado. Es una bendición para todas nosotras, una ocasión de volver a las fuentes, de velar sobre nuestra vida de oración y sobre los medios que nos da la Fraternidad para reforzar nuestra vida contemplativa. Damos gracias a Dios por este don.
Nuestro “manantial verde” es este lugar donde la vida brota a través de todo, donde la oración fecunda nuestro día a día, y donde la amistad se convierte en compartir y en comunión.
Htas. Askale-Mariam, Birhane y Kidist con Aberash y Tigist-Marta (novicias)

