Algo que nos abre el cielo

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Algo que nos abre el cielo

Unos ojos que brillan, una mirada que se nubla con la emoción delante de un niño pequeñito… este pequeñito es Jesús, que nació hace 2000 años y está presente aun hoy en un puesto del mercado y en los corazones de quienes que lo contemplan.

Pusieron un puesto muy modesto pero que suscitó admiración y asombro:

  • Una mamá joven se para largo rato a mirar al niño Jesús grande que tenemos en exposición… luego saca su celular para enseñarnos una foto de su bebé, y la acerca al Niño Jesús: “Miren, se parecen” … y se va llena de alegría. En efecto, se parecen.
  • Un hombre de una cierta edad se queda un buen momento delante de los iconos. Después dice: “No soy creyente, pero estos iconos me tocan profundamente. Siempre he querido ir a San Petersburgo o a Moscú para participar en esas grandes liturgias ortodoxas y ver sus iconos…”
  • “Cuando era pequeña, mis padres me habían comprado uno de estos niños Jesús… aun lo tengo. Ahora quisiera comprarles uno para mi hija.”
  • Una señora mira detenidamente el pesebre grande… Después nos mira y dice: “Este San José es extraordinario, con tanta sencillez, recogimiento, disponibilidad, humildad… estoy muy conmovida…”

Tenía lágrimas en los ojos y le costaba marcharse.

  • Cuando me casé, no conseguía tener hijos. Compré un niño Jesús, le recé mucho y tuve una hija. Ahora compro uno para ella.”

Estaba muy emocionada…

  • Cuando ya estaba todo empaquetado para irnos, un hombre que tenía un puesto un poco más lejos vino a decirme que estaba muy contento de vernos en el mercado: “Ustedes aseguran una Presencia y eso es muy importante. Algo que nos abría el cielo… Gracias…”

Varios artesanos del mercado vinieron a vernos, y nosotras hemos ido a sus puestos también. ¡Sentimos pasar un soplo de fraternidad!

Hemos participado en muchos mercados, pero nunca habíamos notado tanto entusiasmo de la gente delante de nuestro puesto, que era muy modesto. A menudo habíamos visto, en los mercados, que los padres arrastraban a los niños lejos del puesto, para que no tuvieran la tentación de pedirles algo… Esta vez, nada de eso.

En un extremo de la mesa, la hta. Anila proponía a los niños que quisieran, la posibilidad de hacer ellos mismos un niño Jesús o una oveja. Tuvo un éxito enorme, con tanto interés por parte de los padres como de los niños. Éstos, maravillados y deseosos de hacer lo mejor posible, se aplicaban bajo la mirada de admiración de sus padres.

  • Le pregunto a una pequeña “Jade”: ¿quién es Jesús para ti? Me contesta: “¡Dios!” ¡No añadí nada más!
  • Otro niño quiere hacer un Jesús “más grande”. Le digo que es más difícil, pero insiste: “Es para mi abuela”.
  • Mateo me dice: “amo a Jesús”, y se pone a hacer varios.

Como no pensar en la hermanita Magdalena, que no dejó de hablarnos del Niño Jesús y del nacimiento: “Es Él quien falta. Si lo miráramos, tan pequeño, no podríamos tener odio en el corazón… un niño pequeño cambia un hogar, cambia una asamblea.” (Cartas II, p.386).

En nuestro mundo que sufre tanto, tan dolido por las divisiones y las guerras, este mensaje es más actual que nunca.

Dada la debilidad de nuestros medios humanos, todo esto no hubiera sido posible sin la ayuda, el apoyo y la oración de muchas personas: ¡hermanitas y amigos! Gracias a todos por esta hermosa experiencia sinodal.

Htas. Bernadette-Colette y Anila