Y sin embargo…

Nuestra vida es efímera, como la de nuestras fraternidades. Es muy duro tener que dejar un lugar tan querido. Cuando hay que irse, decimos adiós con el corazón apretado, y sin embargo…
Y sin embargo la vida continúa… ¡y continúa dando fruto!
En 2004 nos fuimos definitivamente de la pequeña localidad de Roças Novas (en el sureste de Brasil), donde llevábamos presentes 50 años. Una despedida difícil, vivida con sufrimiento de ambas partes, siendo tan fuertes los lazos entre los habitantes de este pueblecito y las hermanitas. Y sin embargo…
Sin embargo, veinte años más tarde, las semillas enterradas en la tierra y regadas con lágrimas han germinado y el pasado continúa alimentando el presente.
En Roças Novas vivimos una vida muy sencilla, compartida paso a paso con la gente, llevando juntos las alegrías y los fardos de ese pueblo con el cuál habíamos escogido caminar. Estar allí, y juntos sonreír, sufrir, luchar, cantar, celebrar, rezar… Una vida sencilla, que quería ser fraterna, a la manera de la de Nazaret: tejida de gestos cotidianos y de atenciones silenciosas que reforzaron los lazos de confianza, de cariño, de amistad y de fe que nos unían a cada uno de los miembros de la aldea.
Fue la hta Magdalena quien en 1954 deseó esta fraternidad para hacer de ella un noviciado bajo la protección amorosa de la Madre de Dios, patrona de la parroquia. Muchas hermanitas de América Latina pasaron por ahí.
Pero quienes mejor hablan de esto son los habitantes del pueblo[1]. Son quienes pueden decir lo que esta presencia sembró en ellos: una huella viva, discreta pero tenaz. Se acuerdan de las caras y de los nombres de cada una de las que pasaron en esta fraternidad un tiempo más o menos largo. Se acuerdan de esa casa siempre abierta, de la escucha atenta de las hermanitas, “de ese lugar donde la gente recibía el calor que necesitaba y se volvía a casa más ligera, serena y agradecida”.
Cuentan de esa presencia en los momentos más difíciles atravesados por sus familias; en los momentos de enfermedades, nacimientos, duelos, la fuerza que las hermanitas les transmitieron para superar esos momentos dolorosos. Recuerdan también el impulso que dieron a los jóvenes para que creyeran en sus sueños, ese lugar de pertenencia que consiguieron tejer entre cada uno de los miembros de la comunidad parroquial.
«Insertas en medio de la gente y de la vida de la comunidad, las hermanitas vivieron su vida diaria con ligereza, serenidad y dulzura; de una manera silenciosa y al mismo tiempo revolucionaria, transformando nuestras vidas y nuestra historia.”
Y aunque las hermanitas se fueron, la fraternidad se quedó. Tomó otros rostros, otros caminos. Atravesó el tiempo. Ahí están los frutos: en la fe enraizada en cada uno, en la sinodalidad, que inspira el camino de la Iglesia hoy, pero “que era ya la marca indeleble de la fraternidad de las hermanitas de Jesús y, antes de ellas, del modo de vida del hermano Carlos y de hermanita Magdalena”. Otras semillas duermen aún bajo la tierra, en silencio… pero muy vivas. Un día florecerán y, estamos seguras: ¡darán unas flores magníficas!
Hoy cuatro hermanitas prosiguen esta misma misión, ya no con los habitantes de Roças Novas, sino en la residencia de personas mayores de Saõ José. Otra vive en Belo Horizonte. Comparten la vida de las personas de su edad, dan testimonio de Jesús en medio de ellas, «con la misma ligereza, la misma claridad y la misma alegría de siempre».
Gracias a vosotros, amigos de Roças Novas: gracias por vuestra confianza, vuestra acogida, vuestra fidelidad en la amistad. Nos fuimos… y sin embargo. Sin embargo, el camino continúa. Los vínculos permanecen. Y ese Evangelio con sabor a fraternidad, sembrado en tierra brasileña, prosigue su camino en vuestros corazones.
Las hermanitas de Belo-Horizonte: Candida, Dinorà, Edejanira, Elisabeth e Iracema-Megumi


[1] Con ocasión de los 300 años de la parroquia, en un emotivo texto, María Bernadet Moreira testimonió todas las huellas que las htas habían dejado en la vida del pueblo. ¡Y esto, 20 años después de la partida! Fue inspirándonos en ese texto que pudimos escribir este artículo. ¡Queremos agradecerle su testimonio!