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Una “cita” sorpresa

¿Qué sucede cuando se encuentran mujeres de diferentes tradiciones religiosas?

Después de la misa un domingo de abril, uno de nuestros amigos nos anunció que su mujer y él iban a tener una “cita sorpresa” aquella noche. Le miramos con cara de perplejidad. ¿Una cita sorpresa? Nos explicó que se habían inscrito en un programa llamado “Mi Ramadán”, organizado por el Foro de Diálogo, una asociación de musulmanes que promueve la coexistencia pacífica con personas de otras confesiones. En el ámbito de este programa, los musulmanes invitan a su casa a desconocidos (no musulmanes) para compartir la cena del Iftar, cena con la que rompen el ayuno. Los organizadores se encargan de que las personas interesadas por la invitación puedan ir a un lugar no muy lejano.

¡Nos pareció interesante! Esa misma semana habíamos participado en la “Noche de Ramadán”, un acontecimiento organizado una vez al año por una iglesia luterana local en cooperación con el Foro de Diálogo, en que gente del barrio u otros (musulmanes o no) se reúnen bajo una tienda delante de la iglesia. Esperando la hora de la ruptura del ayuno, se entretienen con música, poemas y son invitados a intercambiar con las personas que están alrededor de la mesa sobre asuntos que tienen que ver con la religión.  Después uno de ellos canta el llamado a la oración musulmana, se reza el Padre Nuestro y se sirve la cena a todos. Es una hermosa ocasión de compartir, encontrarse con personas que no se conocen y que vienen de todos los extremos del mundo.

Sin embargo, el programa de “hermanamiento” del cual nos habló nuestro amigo va un paso más lejos, ya que da a la gente la posibilidad de abrir sus casas y sus corazones, y compartir de una manera más personal. Nos apresuramos a inscribirnos en el programa ya que el ramadán se estaba terminando y algunos días después nos llamó una señora de origen turco que nos invitaba a tomar el Iftar en su casa y nos preguntaba si teníamos intolerancias alimentarias.  El sábado por la noche fuimos en bicicleta al centro de la ciudad, donde vive ella con su marido. Este se había ido ese día, sabiendo que seríamos sólo mujeres (nuestra anfitriona había invitado también a su madre y a una prima joven) ¡Pero fue él quien preparó la mayor parte de los buenos platos que ella nos sirvió!

Pasamos una linda velada en su compañía. Las tres son musulmanas muy comprometidas. Compartimos sobre nuestra fe, nuestra vida de oración, los retos de nuestra sociedad, el movimiento musulmán al que pertenecen y que es muy perseguido en Turquía en este momento y sobre las consecuencias que esto tiene para ellos.

Cuando nos separamos hacia las 23 horas, les prometimos que las invitaríamos a cenar algún tiempo después. Así lo hicimos el lunes de Pentecostés. Vinieron con otra prima, que también tenía curiosidad por conocernos. Nos dijeron que de hecho era la primera vez que se sentaban alrededor de una mesa con personas capaces de contestar a sus preguntas sobre el significado de las fiestas cristianas. Una vez más, pasamos una hermosa velada juntas, compartiendo como creyentes, arraigadas en nuestra fe e implicadas en la sociedad. Estamos muy agradecidas por haberlas encontrado, y también muy impresionadas por su perseverancia en todas las pruebas que han atravesado, así como por su apertura y su respeto hacia los demás.

Htas. Anna-Stefanie, Agnès-Ghislaine, Els, and Johanne-Marie
Las hermanitas en Copenhague (Dinamarca)