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Las cuentas nos cuentan…

En nuestro tiempo en que el poder económico gobierna el mundo, en que los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres… tenemos derecho a preguntarnos si otro modelo económico es posible.

Y si, por una vez, las comunidades religiosas tuvieran un pequeño secreto que nuestro mundo parece haber olvidado: ¡el de la solidaridad entre nosotras, que nos permite avanzar juntas y no unas a costa de otras!

Las hermanitas, como la mayor parte de vosotros, se ganan la vida con el trabajo. Como vosotros, nos alegramos cuando nuestros productos se han vendido bien o cuando traemos nuestro primer salario a casa, pero hemos experimentado también incertidumbre cuando las cosechas no son buenas o cuando el mundo del trabajo evoluciona tan rápido, que las capacidades que hemos adquirido se encuentran rápidamente desactualizadas…

Cubrimos por medio del trabajo nuestras necesidades ordinarias: alimentación, vivienda, mantenimiento, transportes, salud… Pero a veces una fraternidad no consigue arreglarse sola: porque está cuidando a hermanitas enfermas, o porque no hay seguridad social, o quizás porque hay guerra en el país o está sufriendo una devaluación brutal… ¡Ahí interviene la solidaridad!

Efectivamente, cada hermanita entrega su salario o su pensión a la comunidad en la que vive. Cada fraternidad retira un cierto porcentaje que llega directamente a la caja común de la Región1 y a la de toda la Fraternidad para financiarlas. ¡Así, todas contribuimos al funcionamiento del conjunto!

Además, si una fraternidad tiene más de lo necesario, comparte su sobrante y si otra tiene necesidad, pide ayuda. Así el dinero circula entre nosotras, y con él la vida. Hace años que gracias a esta solidaridad, hacemos frente al conjunto de nuestras necesidades.

Las cantidades entregadas a esa caja común de solidaridad para que puedan circular, corresponden aproximadamente a 14% del total de nuestros ingresos. ¡Es muchísimo! A modo de información, la ONU recomienda que los Estados abonen 0,7% de su PNB (Producto Nacional Bruto) para una solidaridad mundial.

¡Lo que vivimos en la Fraternidad es y continuará siendo profético en un contexto mundial difícil!

Para que este sistema viva, llevamos las cuentas con cuidado. Cada una anota sus gastos y sus entradas, y luego lo compilamos todo a los distintos niveles de la Fraternidad. ¡Porque nuestras cuentas, cuentan para algo! Incluso, cuentan una historia: la nuestra y la de nuestro mundo.

Las cifras nos dicen las diferencias de nivel de vida entre países y continentes. Nos muestran que en ciertos países se gana muy poco trabajando mucho, y que ese poco no basta para cubrir nuestras necesidades esenciales. Revelan también que ciertos países tienen sistemas sociales, que permiten que las personas mayores vivan dignamente, en cuanto que en otros la hora de la pensión no llega nunca…

Pero nuestras cuentas reflejan también la memoria de las crisis recientes, por ejemplo:

  • Durante el confinamiento del Covid, las cifras dejan ver la caída en picada de los ingresos en ciertos sectores de actividades, pero los comentarios que completan nuestras cuentas relatan todos los gestos de solidaridad de los que nos hemos beneficiado (por ejemplo, hubo vecinos que compartieron con nosotras arroz, fruta… no compramos casi nada durante ese período).
  • El derrumbe de la libra libanesa, como nos cuentan nuestras hermanas: “salíamos a hacer lo mínimo de compras con una cierta cantidad de dinero, pero cuando llegábamos a la tienda  los precios habían vuelto a aumentar y lo que habíamos llevado ya no era suficiente”
  • El aumento de los precios del aceite, del arroz y de tantos otros productos de base como consecuencia de la guerra de Ucrania.
  • La imposibilidad de recibir dinero en Goma desde que la ciudad fue tomada.
  • …

Cada línea esconde un relato de resistencia, de herida y de solidaridad.

Llevar las cuentas, establecer un presupuesto de previsión, hacer el balance cada año del conjunto de las cuentas de la Fraternidad, que una comisión interna y expertos exteriores lo revisen todo, son otros tantos mecanismos que nos ayudan a ser transparentes en la manera como gestionamos el dinero a todos los niveles de la congregación, porque no estamos a salvo de un error, ni de una decisión errónea, ni de una utilización inapropiada de nuestros recursos.

Está claro que hablar de dinero nunca es fácil. Detrás de las cifras están siempre nuestras historias personales, nuestras maneras distintas de ver las necesidades y las prioridades… Esto provoca a veces tensiones entre nosotras.  Pero es también una aventura apasionante: ¡elegir juntas, discernir, aceptar la dependencia unas de otras!

No tenemos recetas milagrosas. Lo que sí experimentamos, a nuestra medida, es que una economía diferente es posible: una economía en la que el dinero no es un fin en sí mismo, sino un medio para vivir y compartir. Es un sistema frágil, que hay que reequilibrar continuamente, pero podemos dar testimonio de que funciona y que es portador de esperanza.

Las hermanitas del Economato General

  1. Región: País, o grupo de países ligados entre sí ↩︎