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La casa grande

Cuando pensamos que Carlos de Foucauld murió solo en el desierto de Argelia y que la Fraternidad en Polonia comenzó clandestinamente durante la época comunista, nos conmueve saber que hoy hay muchas personas que siguen a San Carlos en nuestro país.

Retrocedamos unos años… En 1965, las primeras jóvenes interesadas en la Fraternidad empezaron a vivir juntas clandestinamente. En aquella época, cualquier nueva congregación externa estaba prohibida por el régimen comunista. Cinco años más tarde, la hta Antonina se unió a la Fraternidad. Dada la situación, siguió viviendo en su casa y viajaba regularmente a Częstochowa. Pronto, sus amigos de la pastoral universitaria se preguntaron por qué iba allí tan a menudo.

Poco después, durante una peregrinación estudiantil, ellos se encontraron sentados con tres simpáticas jóvenes en una casa de Częstochowa tomando «una taza de té caliente» … Es entonces cuando descubrieron que era allí donde su amiga acudía regularmente.

Este ambiente de hospitalidad propició nuevos encuentros y reforzó los lazos que se estaban forjando entre estos dos mundos. Władek, uno de los estudiantes, ofreció sus conocimientos profesionales para ayudar a las hermanitas cuando renovaron su antigua casa. Con el tiempo, y a pesar de la situación aún delicada, las hermanitas se atrevieron a «revelar» a sus nuevos amigos que eran religiosas…    

En aquella época, la adoración del Santísimo Sacramento en las iglesias polacas era muy rara. Estos amigos eran capaces de conducir más de 3 horas por la tarde hasta Częstochowa para adorar al Señor Jesús durante la noche y volver a la mañana siguiente al trabajo. Este pequeño grupo, sediento de auténtica fe y oración, ¡fue un soplo de aire fresco también para nosotras!

Otro encuentro importante tuvo lugar en Częstochowa unos años más tarde… Siempre que venía la hta Magdalena, numerosas personas se reunían allí, con gran discreción. Los encuentros con ella eran siempre muy estimulantes. Ludka y Władek, del grupo de Wrocław, eran entonces una pareja de recién casados. Hablaron con la hta Magdalena de su deseo de vivir el Evangelio apoyados en la oración y la adoración, pero como laicos, como pareja y familia. Ella les respondió que necesitaban construir una CASA GRANDE. Ludka y Władek no entendieron inmediatamente a qué se refería. Más tarde, se les unieron otras personas que compartían los mismos deseos. Y efectivamente, juntos, construyeron una CASA GRANDE. En esta casa de varios pisos, una gran capilla ocupó toda la planta superior. Aquí era donde tenían lugar la adoración diaria y nocturna. Hace más de 30 años, una comunidad de familias y gente soltera se formó en torno a este proyecto y se autodenominó la «CASA GRANDE». Durante todos estos años, su relación con nosotras, hermanitas, ha sido estrecha y de mucha vida.   

Con el tiempo, este grupo sintió la necesidad de conocer mejor al Hermano Carlos para hacer de él su verdadero compañero de camino. También querían darlo a conocer. Por eso la CASA GRANDE abrió a menudo sus puertas para numerosos encuentros y conferencias.

En 2016, laicos, hermanitas, hermanitos y sacerdotes quisieron celebrar juntos el centenario de la muerte del Hermano Carlos. Para preparar este jubileo, crearon un equipo que representara los diferentes estados de vida de la «Familia Carlos de Foucauld».

Desde entonces, el equipo ha coordinado diversos actos, vigilias, encuentros, retiros, intenciones de oración en común y una página web (www.malybrat.opole.pl). El sitio incluye reflexiones semanales sobre el Evangelio del domingo, preparadas por laicos, sacerdotes de la Fraternidad Sacerdotal o del Instituto Jesús Caritas, hermanitos, hermanitas y amigas religiosas inspiradas por la espiritualidad foucauldiana… Trabajar juntos es muy estimulante y esta diversidad de comunidades y personas nos enriquece mutuamente.

Cada encuentro siempre me interesa y me deleita. A menudo a través de ellos, descubro otro aspecto del testimonio de vida del Hermano Carlos en el que no había pensado. En estos encuentros, percibo una cierta sencillez, así como una frescura en nuestro compartir más personal. El esfuerzo que hacen los laicos para estar fielmente ante el Señor Jesús durante los momentos de adoración me conmueve profundamente. Me conmueven especialmente los matrimonios con varios hijos aún pequeños, que acuden a Jesús para permanecer con Él en adoración, a pesar de todos los desafíos que ello representa. Nos fortalecemos mutuamente en nuestro entusiasmo y nos unimos en la oración. Estoy muy contenta de tener la oportunidad de ser uno de los miembros de esta gran familia espiritual, esta «CASA GRANDE» donde cada uno y cada una pueden sentirse como en casa.

Hta. Barbara-Jadwiga