Notre chapelle à Tre Fontane



Una capilla «universal»
La capilla de Tre Fontane quisiera ser el centro de nuestra fraternidad general, un oasis silencioso y acogedor, donde se pueda encontrar al Señor en medio de la agitación del mundo.
«Quienquiera que se encuentre en la capilla debe poder sentirse en su casa, no importa cuál sea su mentalidad, su cultura o su nacionalidad. Así, será una capilla universal».
Este es el deseo que la Hta. Magdalena confió a la Hta. Susanna-Johanna al encargarle la realización de la capilla. Este proyecto parecía “irrealizable”. Sin embargo, sostenido por la oración, la Palabra de Dios y el deseo profundo de que cada persona que entre en este lugar se sienta en su casa, este sueño tomó forma. Hoy tenemos la gran alegría de compartir este lugar con todos aquellos y aquellas a quienes les gusta venir a rezar o sencillamente a permanecer en silencio.
Todo en la estructura de la capilla, procura hacer visible la presencia de Cristo e invita a la oración gracias a la armonía de las proporciones, a la amplitud del espacio y del silencio…

Cristo en la cruz, vida entregada
El crucifijo situado en lo alto, en el lugar más visible de la Capilla, es su clave de bóveda, su piedra angular. ¡Sin Él, todo se derrumba!
Este Cristo se representa despojado de todo detalle, para que hable con fuerza a todas las personas que le miren. Se ofrece libremente, en un gesto de amor total. De su costado abierto fluye un río de amor – sangre y agua- que sigue inundándonos aún hoy.
Podemos contemplar sus llagas bien visibles, pero no los clavos. El mismo Dios, no pudiendo ser sujetado a una cruz. Así se prefigura ya su resurrección, su vida entregada, y la promesa de su regreso próximo. La cruz es el árbol de la vida, plantado en el corazón del mundo.

El sagrario, fuente viva
Debajo mismo de la cruz, una placa de madera clara curvada reproduce el gesto de acogida de Cristo en la cruz. En su centro se encuentra el sagrario, que alberga la presencia eucarística.
Está compuesto por dos formas geométricas, un círculo y un cuadrado, que se entrelazan y se desarrollan en un movimiento de espiral semejante al chorro de una fuente. Estas dos formas, desde la noche de los tiempos y en los cinco continentes, simbolizan el agua, la perfección y a menudo la divinidad.
El centro del sagrario se abre para la adoración, descubriendo la hostia consagrada, verdadera presencia del Señor. Levantando la mirada, podemos ver que el cáliz recoge el río de amor que brota del costado de Cristo: signo de la manera como somos llamados a acoger su amor.

El candelabro de flores de almendro
Debajo del sagrario se levanta un candelabro en forma de árbol. Tiene cinco ramas erguidas y desnudas, imitando las manos tendidas hacia Dios. En el extremo de cada una de ellas, una lamparita reposa en una corola de madera, que forma una flor de almendro.
Este detalle no es insignificante. Es el signo que Dios da al profeta Jeremías: “Velo sobre mi palabra para que se cumpla” (Jr 1, 11-12). Un signo de vigilancia, de fe, de esperanza.
Las cinco ramas recuerdan también las cinco llagas de Cristo, que arde de amor por nosotros.

El altar, símbolo de Cristo
En el centro se encuentra el altar, macizo, sólidamente arraigado, que simboliza a Cristo, presencia viva en medio de nosotros.
Sus pies, en parte hechos de ladrillos como los del suelo, parecen brotar de la tierra. El veteado de la madera que sube, levanta la mesa en un movimiento de ofrenda.
Su estilo, a la vez robusto y despojado, se armoniza con el conjunto de la capilla.

El niño Jesús, corazón de nuestra espiritualidad
Al costado del altar, un niño Jesús de barro descansa en su cuna. Está allí casi todo el año, como en todas nuestras capillas.
Al contemplarlo, estamos invitados a ver como Dios, en Jesús, se ha hecho accesible a todos, compartiendo el estado de impotencia y total dependencia de todo recién nacido. Ahí está todo el espíritu de Belén, tan querido en nuestra espiritualidad.
Animados por la Hta. Magdalena, mirémosle y como ella dice, nuestro cansancio y nuestro sufrimiento se apaciguarán “como se apaciguan siempre los corazones, incluso los más endurecidos, ante la clara mirada de un niño.”

Nuestra Señora del mundo entero
A la derecha, en una hornacina, se encuentra una estatua de la Virgen María. Fue esculpida en madera y delicadamente pintada. En un gesto lleno de ternura, ofrece al mundo su hijo, Jesús.
Está allí, en un gesto de don, de amor hacia cada uno de nosotros. Un gesto que marcó profundamente la vida de la Hta. Magdalena y que ella quiso transmitir al mundo entero, para que todos podamos abrir los brazos y acoger a este niñito que la Virgen nos ofrece y que desea tanto venir a habitar en nuestras vidas.
«Recibe a través de sus manos a su niñito Jesús, para conservarlo siempre contigo y llevarlo a través del mundo con su mensaje de humilde y confiado abandono, de sencillez y de pobreza, de dulzura y de paz, de alegría y de amor…» (Hta. Magdalena)
Bienvenidos todos los que desean detenerse, recogerse, rezar o simplemente otorgarse un momento de paz en esta capilla. Esperamos que cada uno, cada una pueda dejarse alcanzar y envolver por el amor silencioso que se despliega en ella.