En un rincón del paraíso …

Querido Papa Francisco,
Después de todos los abrazos y la alegría que debieron resonar en el Cielo a tu llegada, nos gusta imaginar tu encuentro, un poco más discreto, con hermanita Magdeleine.
No la conocías muy bien, pero veló por ti desde el principio, como lo ha hecho con cada uno de los Papas. Cada vez que citabas a Charles de Foucauld en una encíclica, en una audiencia o en cualquier otra cosa, se alegraba. Pero se alegró todavía más de tus numerosos gestos, símbolos de una Iglesia pobre al servicio del mundo. Debió emocionarse hasta las lágrimas cuando te arrojaste a los pies de las autoridades de Sudán del Sur para suplicar por la paz. Habrá visto con ternura cómo ibas a comer con personas discapacitadas, o cómo pasabas tiempo con los presos.
Son muchos los temas que os unen: vuestro amor por la Iglesia, por la humanidad, por los heridos de nuestro mundo, vuestro deseo de una fraternidad humana que trascienda todas las barreras, vuestras incesantes peregrinaciones por el mundo para buscar a los marginados de vuestro tiempo…
Te imaginamos compartiendo tus impresiones sobre tus diversos viajes a las periferias del mundo. Le contarás tus 47 viajes a más de 60 países, y hermanita Magdeleine sus 2 vueltas al mundo. Ella te hablará de su apasionada búsqueda de los indios tapirapé de Brasil, de las tribus de las altas mesetas de Vietnam y de los inuit de Alaska. Te hablará de su amor por las poblaciones nómadas, los toubous de Níger, los pigmeos de Camerún… Hablarás de tus encuentros con los papúes. Relatarás tus visitas a Mongolia y Timor, la elección de tu primer viaje a Lampedusa dedicado a los emigrantes, la puerta santa de la misericordia abierta en Centroáfrica. Le encantará esta Iglesia en salida que ambos amáis tanto.
Seguramente querrá saberlo todo sobre tu encuentro con el Gran Imán de Al-Azhar Al-Tayyeb y el Gran Ayatolá Ali Sistani en Iraq… Luego te contará sus comienzos en Argelia entre los nómadas musulmanes de Touggourt, con los que escribió las Constituciones.
Magdeleine te hablará de su amistad con el Patriarca Atenágoras y con tantos otros cristianos de distintas confesiones. Por tu parte, compartirás tu profunda amistad con el Patriarca Bartolomé, a quien ella conoció cuando era joven, y tu encuentro en Cuba con el Patriarca ortodoxo ruso Kirill. Ella le contará lo feliz que se sintió al escuchar que querías ser llamado Obispo de Roma, y todos los demás pasos que has dado para el acercamiento de todos los cristianos. Ambos rezaréis para que pronto podamos celebrar la Pascua en la misma fecha.
Compartiréis vuestros sufrimientos por todos los lugares fracturados del mundo, por todos los pueblos que se matan. Seguramente se acordará de la experiencia de Hermel y Ras Baalbek, dos pueblos, uno musulmán y el otro cristiano, que se combatían y donde ella quiso fundar al mismo tiempo la Fraternidad, y tú le hablarás de tus constantes llamamientos a la paz y al diálogo, de tu visita a las víctimas en la RDC…
Tu edad y tus dificultades físicas nunca te detuvieron: te entregaste hasta tu último aliento. Podemos imaginar su profunda emoción con tu última visita a la Plaza de San Pedro, y que, a su vez, querrá contarte su último viaje a la URSS dos meses antes de morir.
Te agradecerá en nombre de todas nosotras el impulso que nos diste. Y también te dará las gracias por recordar a las hermanitas que es: «de vital importancia para vosotras volver continuamente a esta experiencia original de la cercanía de Dios que se nos da, manso y humilde, para salvarnos y llenarnos de su amor. Y este amor de Dios debe expresarse más en la evangelización de los gestos que en la de las palabras: sonrisas, silencio, adoración, paciencia». Somos conscientes de que ahora nos toca a nosotras seguir viviendo todo esto.
No faltan temas de conversación entre vosotros, pero afortunadamente aún os queda eternidad para hablar de ellos.
Un último favor, Papa Francisco: ¿podrías llevarle algunas amapolas de nuestra parte a hermanita Magdeleine este sábado por su cumpleaños? le gustaban tanto…
Las Hermanitas de Jesús