En Japón… ¡entre los kurdos!

Este año ha nacido una nueva fraternidad en Kawaguchi, a una hora aproximadamente de Tokio. Vamos a descubrir cómo viven allí las hermanitas y cómo llegaron a este preciso lugar.
El año pasado, mientras estábamos reunidas con todas las hermanitas de Japón, sentimos una fuerte llamada y decidimos abrir una fraternidad para los migrantes procedentes de países islámicos, en particular los kurdos que vienen de Turquía. Estos han abandonado su país por diversas razones, pero sobre todo por motivos políticos. Están presentes en Kawaguchi y hemos decidido buscar un lugar donde vivir en esta ciudad.
Pero seguramente se preguntarán por qué hay kurdos en Japón, y en concreto en Kawaguchi.
El primer kurdo llegó a Japón en 1991 porque su vida corría peligro en su propio país. Cuando pensaba en abandonar Turquía, en el aeropuerto se encontró, casi por casualidad, con un iraní que vivía en Kawaguchi y que le aconsejó que viniera a Japón. Según este iraní, era bastante fácil entrar en el país, ya que los acuerdos bilaterales entre Turquía y Japón permiten estar allí sin visado durante tres meses. En estas circunstancias llegó a Kawaguchi y comenzó el asentamiento de kurdos en esta ciudad. En realidad, este primer kurdo descubrió rápidamente que estar en Japón no era lo ideal para ser reconocido como refugiado. El Gobierno japonés acepta muy pocos. Sin embargo, los kurdos siguieron instalándose en Kawaguchi, donde hoy son más de 2000. Incluso han encontrado la manera de ganarse la vida aquí.
Antes de vivir entre ellos, para conocer a este pueblo, empezamos por contactarnos con ONG japonesas que ayudan a los extranjeros a aprender el idioma. Allí conocimos a japoneses que aprecian a los kurdos y descubrimos que algunas ONG se dedican especialmente a apoyarlos. Gracias a ellos, recibimos información básica sobre este pueblo, su cultura y sus costumbres: por ejemplo, su costumbre de celebrar el «Newroz» (la fiesta más importante del año, que celebra la llegada de la primavera), la organización de un festival y conferencias preparadas por los refugiados.
Finalmente, encontramos un departamento en su barrio. Nos instalamos allí en abril de 2025.
Desde que estamos aquí, la información que recibimos de estas ONG nos ha ayudado a encontrar oportunidades para contactar al pueblo kurdo. Por ejemplo, fuimos a un partido de fútbol infantil en el que también participaba un equipo kurdo, a una exposición fotográfica sobre la vida de este pueblo, a algunos restaurantes regentados por kurdos para descubrir y degustar su cocina… Allí nos encontramos con muchos kurdos que trabajan en una obra de demolición y que vienen a desayunar o a almorzar, con sus grandes camiones.
Nos cruzamos con muchos kurdos en la calle, en las tiendas y también en el trabajo, ya que una de nosotras trabaja como empleada de limpieza en un hospital. Pero para conocerlos mejor, hay que seguir buscando.
En los últimos años, los kurdos han sido víctimas del odio de algunos japoneses en la calle y en las redes sociales. Por desgracia, el problema del odio hacia los extranjeros no es nuevo en Japón. Aunque los objetivos cambian, el odio sigue presente. Al principio, aprovechamos a las personas que vienen del extranjero para hacer el trabajo que los japoneses no quieren hacer, pero luego los excluimos a nuestro antojo.
Esto forma parte de la tendencia actual en el mundo de excluir cada vez más a los extranjeros y considerarlos una amenaza. Desde hace mucho tiempo, se han producido casos de expulsiones forzadas. Pero en los últimos años, estas se llevan a cabo de forma aún más radical y sin ningún respeto por la vida del individuo y los demás miembros de la familia que se encuentran en Japón.
Recientemente, conocimos a una familia kurda que vive en nuestro barrio y que también sufre acoso por parte de sus vecinos. En la calle, vemos al padre más a menudo que a la madre. Tienen cuatro hijos. El padre nos habló de su vida. Trabaja muy duro en el sector de la demolición desde que llegó a nuestro país cuando tenía 15 años. Ahora tiene 27 años y sus brazos están marcados por numerosas cicatrices debidas a su trabajo. Desgraciadamente, es un trabajo muy precario y a menudo se encuentra sin empleo. También nos habló de su familia, de su sufrimiento y de su deseo de mudarse debido al acoso de sus vecinos… A raíz de todas estas preocupaciones, su mujer ha caído en una depresión.
Pero estos días él volvió a tener trabajo y su mujer parece estar mejor. Tienen el valor de perseverar en esta vida que no es fácil… Intentamos compartir y comprender su sufrimiento, pero también su alegría, y de estar presentes con pequeños gestos y unas palabras cuando nos encontramos por la calle.
Es solo el comienzo, los primeros pasos de nuestra búsqueda, pero ya nos sentimos felices de estar aquí entre ellos.
Las hermanitas de Kawaguchi: Angela-Chika, Catarina-Toshiko y Paula-Takako.

