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El desierto florecerá

En 1939 la hta.Magdalena proyecta el palmeral de la primera fraternidad, la de Touggourt, en Argelia. Sueña con ver pronto allí racimos de dátiles, y también espárragos y damascos… Escribe a su madre: «En cuanto hablamos de hacer una huerta, empezaron a llegar semillas y esquejes de árboles.” Unos días más tarde, añade: “pronto, el desierto florecerá ”. En marzo de 1940 ya habían plantado unas treinta palmeras.

Si la hta. Magdalena quiso una plantación así, era para compartir las condiciones de vida de nuestros vecinos musulmanes, sedentarios y nómadas. Tenía el deseo de que esa huerta pudiera alimentar la futura comunidad… y así fue.  ¡No sólo su sueño se realizó, sino que se mantiene hasta hoy!

Yo llegué a Touggourt en 2010, muy contenta por vivir en Argelia. La primera vez que entré en la huerta me acompañaba la hta. Solange-Paule. La recorrí con ella. Vimos las distintas palmeras: las primeras, muy grandes, plantadas en el tiempo de la hta. Magdalena, me impresionaron, otras de tamaño mediano las había plantado más tarde la hta. Gabrielle-Josèphe.

También había flores: crisantemos, claveles, caléndulas… y las hortalizas de temporada: lechugas, rábanos, maíz, pimientos, sin olvidar la menta para hacer el té. La huerta es muy grande. Estaba contenta y conmovida al verla. ¡Efectivamente, me gusta mucho la tierra y la naturaleza! Enseguida, mi cabeza empezó a trabajar y se me ocurrieron montones de ideas, tanto o más que a la hta. Magdalena en otros tiempos… Inmediatamente vi que entre las filas de palmeras se podrían plantar flores u hortalizas. Así, al regar las palmeras, aprovecharían el agua al mismo tiempo. Es que la huerta necesita mucha agua, sobre todo en verano, ya que hace mucho calor, de 45 a 55 grados o más. Felizmente, tenemos en el terreno un pozo que da agua suficiente para el riego.

Aquí cuidan mucho las palmeras, porque los dátiles son preciosos y muy buenos. Hace nueve años plantamos nuevas palmeras, que ya dan también dátiles bien grandes. El trabajo de la huerta es exigente y para algunas tareas necesitamos la ayuda de gente del vecindario, por ejemplo: para la fecundación, la limpieza y la cosecha de los dátiles, para poner estiércol y otros trabajos pesados…

Antes de mi llegada, las hermanitas tenían tomates, zanahorias, nabos, rábanos, lechuga… que utilizábamos para nuestra cocina. Ya vendían algunas flores, pero muy pocas: Hacían algunos ramos y los llevaban a la tienda de verduras de un amigo que las vendía.

Me interesó mucho ver esto. Enseguida tuve ganas de vender nuestras flores, como nuestros vecinos, que venden las hortalizas, los dátiles y las frutas de su huerta. El primer día salí con hta. Josèphe-Emmanuelle. Nos pusimos junto a la carretera, delante del dispensario de nuestro barrio y funcionó muy bien. ¡Fue magnífico!

Ahora vendemos ramos todas las mañanas. He descubierto que la gente aprecia mucho las flores, la belleza. Les gusta poder manifestarse con un gesto, ofreciendo un ramo de flores en las ocasiones de fiesta: noviazgos, acogida de personas que vienen de Argel, aniversarios, visitas a los enfermos, nacimientos, bodas, éxito de los chicos en la escuela… Es bonito saber que con nuestros ramos sembramos alegría.

Pronto cambiamos de lugar: ahora vendemos en el mercado junto a nuestra casa. Cuando tenemos flores llenamos la carretilla y nos vamos al mercado. Además, tenemos encargos. La venta es a menudo muy rápida, mucho más que la recogida y la confección de ramos.

El trabajo de la huerta exige mucho amor, fuerza, pasión y perseverancia. En invierno hace mucho frío y en verano, por el contrario, el calor es extremo. Cuando llega la primavera la huerta está magnífica con todas esas flores, pero hay que hacer frente al viento de arena, que es horroroso. De vez en cuando llega también el siroco1, un viento muy caliente. La lluvia, a su vez, viene a traernos su bendición una o dos veces al año. Pero en todo momento hay mucho trabajo: arrancar las malas hierbas, regar, voltear la tierra para poner estiércol y sembrar de finales de agosto a principios de septiembre. Para tener semillas guardo las primeras flores, pero tenemos también amigos que han estado en nuestra huerta y nos mandan semillas nuevas.

Me gusta mucho trabajar en nuestra huerta alrededor de las palmeras. Creciendo así en medio del desierto y produciendo buenos frutos, simbolizan para mí la perseverancia y también la abundancia y las bendiciones que Dios concede a su pueblo. Cuando las veo, pienso en la gracia de Dios que está siempre en mí; en Él, que me acompaña en mi camino. Con Él quisiera continuar sembrando semillas y flores, en mi vida y en la de los demás.

Hta Maria-Thuy-Linh con hta Beatrice-Nanjuchi y Henia


  1. Viento cálido y seco que sopla desde el Sáhara y que puede alcanzar velocidades propias de un huracán en el norte de África ↩︎