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El camino del regreso

¡Vaya ! ¡lo imprevisto ha sucedido ! Lo difícil de lo imprevisto es que llega improvisadamente sin avisar. Es imposible prever un accidente vascular cerebral (AVC), hace “plaf”: en unos instantes una está en el suelo y no puede sino esperar tranquilamente lo que vaya a pasar… Comprendí muy pronto que tenía el lado izquierdo paralizado, pero que tenía la cabeza y la palabra intactas, ¡gracias a Dios!

La hta. Godelieve murió el año pasado, pero su mirada llena de humor sobre las situaciones más difíciles contiene una luz que deseamos compartir con vosotros en este día de oración por los enfermos. Aquí tenéis lo que escribió después del accidente cerebral que tuvo:

Primera cena, me animan a comer sola, y qué más quisiera… pero una cucharada de puré de patata se va directamente a mi oreja en vez de la boca. Felizmente una fisio pasa por allí y ve mi dificultad; se precipita para tranquilizarme diciendo: “no se preocupe, vendré a ayudarla a continuar”

Vuelve para la sopa. Me invita a poner sencillamente mi mano encima de su brazo y a seguir su movimiento. Pienso en Hta. Magdeleine cuando decía: “pon la mano en su manecita, cierra los ojos y déjate conducir: ¡será muy hermoso!”                                                                                                                                   

Y fue hermoso: ¡el milagro sucede y la sopa llega a mi boca sin accidentes! La fisio me dice: “Fue así que aprendió a comer cuando era pequeña… hay que aprender el camino del “regreso”

Llega el postre – un postre que me gusta – una isla flotante, pero una isla que flota en un lago de crema inglesa, ¿qué otra cosa puede hacer sino saltar para acabar flotando en mi cama? No me enfado con ella, ¿es mucho más divertido! Por lo menos pudimos recuperar una cucharada para poner una pequeña decoración alrededor de mi boca!

Para evitar que se vaya por el otro camino, me aconsejan que gire la cabeza a la izquierda cada  vez que trago. Probad de hacerlo: ¡veréis qué apasionante resulta la comida!

El final de la vida, ahora sé que puede venir muy deprisa, cuando no lo esperamos…                             De hecho, no tengo miedo de la muerte, sino de todo lo que la precede. Cuando se vive en una residencia, se ve toda clase de cosas: hay por dónde escoger y nada me inspira, menos irme de un paro cardíaco durante el sueño. Fijaros: nos dormimos y nos despertamos viendo a Jesús a la orilla del lago, cerca de un fuego de brasas donde está cocinando algunos pescados y por qué no unas patatas fritas – ¡pero dejo que escoja Él!

Tuve la alegría de recibirel sacramento de los enfermos. Fue una ocasión para decirle aJesús que acepto de verdad lo que haya escogido para mí con todo lo que va alrededor

Incluso he cambiado un poco la oración de abandono.  No conseguía decir « entrego mi alma en tus manos”, ahora digo : “en tus manos entrego mi vida y mi muerte, como Tú la ves, cuando Tú la ves”. Antes de entrar en la noche, esto me da paz. ¡Espero que el Hno. Carlos no se molestará conmigo!

Hta. Godelieve (marzo 2023)