“Dios con nosotros” ayer y hoy

En este día celebramos el nacimiento del Altísimo que se hace muy pequeño para encontrarnos en nuestra humanidad. Corremos el riesgo de habituarnos y sin embargo es tan sorprendente, tan maravilloso, que necesitamos celebrarlo cada año nuevamente para acordarnos de ello.
Donde nosotras, en Tanzania, hoy la fiesta es doble. Los “ululares” resuenan para celebrar el nacimiento del “Príncipe de la Paz”, pero también para festejar los 50 años de nuestra presencia en este país y la fidelidad de este “Dios con nosotros” que nos ha acompañado a lo largo de todos estos años.
Precisamente el día de Navidad, hace exactamente 50 años, las hermanitas llegaban a Tanzania, a la diócesis de Rulenge (cerca de la frontera con Burundi y Ruanda). El obispo de esa época había ido algunos meses antes a Tre Fontane (en Italia) para pedir a la hta. Magdalena que fundara una fraternidad en su diócesis. Ella contestó: “En Navidad estaremos allí”, y así fue.
Las hermanitas llegaron y se instalaron para empezar en el pueblo de Ruganzu. Procedían de diferentes países y los vecinos tuvieron que enseñarles cómo cocinar, cómo cultivar, cómo machacar el mijo… Tuvieron que aprender todos los gestos de la vida cotidiana. Nació una hermosa ayuda mutua: las hermanitas abrieron un pequeño dispensario para cuidar a la gente y ellos las ayudaban para cultivar los campos…
Poco a poco fueron llegando hermanitas tanzanas y el grupo fue evolucionando a lo largo de los años. Hoy somos una docena de hermanitas y vivimos en tres fraternidades.
Este 25 de diciembre nuestro Dios se hace muy cercano, tan cercano que se deja encontrar, tomar en brazos, acunar como un niño. Y eso es lo que nosotras, las hermanitas de la fraternidad de Nyakato en Mwanza, celebramos en este momento.
Bananas, papayas, naranjas, mandioca, maíz, alubias. Sukuma wiki, espinacas, mchicha y otras verduras de hoja… Como ven, nuestro huerto está bien provisto. Da trabajo: labrar la tierra, plantar, regar, cosechar lo que está maduro… pero es una alegría ver todo lo que brota y crece, y poder alimentarnos con ello. Cultivamos para nuestras propias necesidades, pero a veces los vecinos vienen a comprarnos algunos productos porque, nos dicen: “Aquí estamos seguros de que la verdura se cultiva sin pesticidas, y que es sana y natural”.
Este huerto es también una imagen del jardín simbólico que representa para nosotras esta fraternidad. Es aquí donde varias de nosotras echaron raíces y “crecieron” profundizando en el carisma y la vida de las hermanitas.
Vivimos de una manera muy sencilla, al ritmo de la naturaleza y de la oración, rodeadas por nuestros vecinos, que a lo largo de tantos años se han convertido en verdaderos amigos. Hay muchos niños, que animan la vida con su alegría y su energía.
Pensando en ellos, hace unos veinte años, empezamos a criar algunas vacas. De hecho, al ver la situación de los bebés cuyas madres no tenían suficiente leche para alimentarlos correctamente, nos preguntamos como podríamos ayudarles, como hacer llegar leche hasta aquí. Lanzamos nuestra propia producción y nos hicimos con algunas vacas. Ayudadas por un muchacho de los alrededores para alimentarlas y ordeñarlas, desde entonces vendemos leche todos los días. Igual que pasa con la verdura, esta leche es apreciada porque la gente sabe que no la mezclamos con otros productos para obtener más ganancia.
A menudo hay gente que nos para en la calle: “¡Este es su hijo, se alimentó con su leche!” Estos niños y niñas son grandes ahora, pero esta frase basta para recordarnos el tiempo en que eran aún pequeñitos, dependientes, tal como este recién nacido desarmado que, en la noche de Navidad, se encarna en la Virgen María.
Es en esta vida tan sencilla donde hoy acogemos al Emmanuel, “Dios con nosotros”.
Deseamos que también ustedes encuentren a Jesús, tan grande y a la vez tan pequeño, que viene a habitar nuestras vidas, nuestro día a día tan sencillo para hacerlo extraordinario.
¡Feliz Navidad!
Hta. Agnès-Mkasafari y las htas de Tanzania

