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De la muerte a la vida

En Damasco, estos últimos meses, nuestra vida y la de nuestros vecinos ha estado marcada, sucesivamente, por una prueba terrible y por una gran alegría. En la misma iglesia, enlutada por una violencia ciega, hemos visto brotar la vida y la esperanza. Todo esto llena nuestros corazones y quisiéramos compartirlo con ustedes.

Tal vez se acuerden que en junio hubo un atentado horroroso en Damasco, en la iglesia greco-ortodoxa de San Elías. Esta iglesia está al lado de nuestra parroquia: conocemos a muchas familias que la frecuentan. El 22 de junio, cuando la iglesia estaba repleta, entró un kamikaze durante la celebración y se hizo explotar en medio de la gente, lo que condujo a la muerte de 22 personas. Aquí les llamamos “los mártires de la fe” porque los mataron en nombre de su pertenencia a Cristo.

¡Fue un acontecimiento enormemente doloroso! Nosotras estábamos en el Líbano, en nuestro retiro anual. Qué tristeza no poder estar presentes y cercanas a la gente, para sostenerla y animarla. Felizmente pudimos hablar con ellos por teléfono y rezar en unión con ellos. En cuanto volvimos a Damasco, visitamos a las familias en duelo y a algunos heridos que son nuestros vecinos y amigos.

El dolor es grande y las heridas son profundas, pero la fe de la gente es mucho más grande y más profunda. Todas las confesiones cristianas presentes aquí se reunieron para sostenerse y animarse mutuamente.

Pasaron los meses y el sábado 6 de septiembre, tuvimos la sorpresa de poder vivir un nuevo acontecimiento que nos llenó de alegría, en esa misma comunidad. Después de los 22 entierros, esta vez tocaba el turno a 22 bautismos de niños, celebrados en la misma iglesia: testimonio de esperanza, de resurrección y de fuerza de vida, que vino como un eco a poner un poco de bálsamo sobre el dolor vivido en junio. Nuestros corazones estaban habitados por una convicción: «La fe cristiana no morirá». Al contrario, con cada prueba y cada sufrimiento atravesados, se vuelve cada vez más fuerte y más madura. Y esto lo experimentamos en la vida concreta de cada día.

Fue una gran alegría! Los cánticos del coro se mezclaban con los balbuceos y con el llanto de los niños  que esperaban ser bautizados. En esta ocasión, 3 obispos y 22 sacerdotes se ayudaban unos a otros para bautizar a los niños y darles la comunión, como se hacía en el inicio del cristianismo y aun hoy en la iglesia ortodoxa. ¡Teníamos la impresión de vivir un nuevo pentecostés!

Uno de nuestros amigos de la fraternidad secular (laicos que viven de la espiritualidad de Carlos de Foucauld) nos invitó para el bautismo de sus dos hijos. Para nosotras fue una ocasión de poder participar en este gran acontecimiento y estamos contentas de compartirlo hoy con ustedes.

Las hermanitas de Damasco: Daad, Mariam-Nour y Terexa-Chung

Para ver algunas fotos de los 22 bautismos y compartir la alegría de ese momento: https://www.facebook.com/share/r/14LWvRUbvpe/