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Cuando todo parece terminar…

Empieza un año nuevo y el Año Santo está finalizando. Es el momento de hacer balance: ¿qué vivimos en 2025? ¿qué deseamos vivir el año que viene?

En un año en que los conflictos se multiplicaron a nivel mundial, ¿qué nos queda del Jubileo de la esperanza?

En este inicio de año, hemos querido dar la palabra a dos hermanitas que viven en uno de esos lugares de conflicto y que han tenido que buscar cómo mantener viva esta esperanza.

Una de ellas nos comparte: He vivido este año con emociones entremezcladas: a veces estaba inquieta, asustada, estresada, a veces sentía cólera, frustración, contrariedad, impotencia… pero hubo también momentos en que volví a encontrar alegría y esperanza (…)

Me acuerdo muy bien de un día en que una serie de misiles impactó en el país. Era el momento preciso en que, en el trabajo, bañábamos a las personas ancianas. Oí cómo los misiles caían y hacían temblar la casa. Tuve tanto miedo que salí al pasillo para protegerme. Al salir, no vi salir a ninguno de mis compañeros. Entré en las otras habitaciones y los vi continuando el trabajo, como si no pasara nada.

Les pregunté a algunos: «¿No les da miedo la muerte?” Me contestaron: “Si muero, muero. ¿Qué le puedo hacer? Todo está en las manos de Dios.” Encuentro que son muy valientes. Ellos me enseñaron a vivir con confianza y esperanza en un único Dios, el Dios de la vida eterna.

Otra hermanita cuenta: Nos propusieron hacer un taller con este título: Cuando todo parece terminar, ¿qué podemos buscar para engendrar la vida? Ese título nos gustó enseguida.

Había que empezar por ahí: “cuando todo parece terminar…”. Estas palabras nos tocaron profundamente. No hubiéramos podido empezar intentando ver sólo lo positivo de nuestros días, ni con palabras demasiado espirituales como paz o esperanza, que para nosotras sonaban vacías. Necesitábamos en primer lugar poner palabras a este tiempo en que “todo parece terminar…”, nombrar lo que vemos terminar, hasta el día de hoy. Experimentamos el fin de tantas esperanzas alimentadas por un pueblo que busca su libertad, vemos y vivimos el fin de una época, sin vislumbrar nada de lo que vendrá, sino más muerte y destrucción.

Por casualidad, el cierre de ciertas fraternidades, el regreso de varias hermanitas a su país de origen y el fallecimiento de otra hermanita después de una larga enfermedad, nos pusieron en comunión con esta parte de la Fraternidad que vive los mismos duelos, el mismo “final”. Sí, lo de “cuando todo parece terminar” es muy real en nuestras vidas.

El taller continuaba: «¿Qué buscar…?”. Esta búsqueda no podía ser únicamente exterior, ni depender de medios como salir para un tiempo de esparcimiento, ir a otro lado, respirar otro aire… Porque, para todo esto, habría que salir del país. La única solución era buscar dentro de nosotras mismas lo que podía ayudarnos verdaderamente. Así descubrimos el poder de una palabra que nace en nuestro interior y nos ayuda a vivir. Una palabra de amor que alimenta y sostiene.

Paralelamente, cada una tomó conciencia, no sólo de la “misión de la Fraternidad” aquí donde estamos, sino también de su propia misión: lo que yo estoy llamada a vivir aquí y ahora, a mi edad, con mis dones y mis límites. Esta “tarea” única que da sentido a toda mi vida. No hay que buscar sólo un sentido “colectivo”, sino personal, del cual soy responsable.

Y, por último, lo más precioso: “para engendrar la vida…”, para no quedarnos “en la sombra de la muerte” que nos rodea y que toca también a nuestra propia muerte. Estamos en esta lucha: hay que escoger la vida y lo que hace vivir cuando somos tentadas de lo contrario. Cada una de nosotras conoce sus propias tentaciones de muerte, de huida, de desánimo y tiene que encararlas. La vida es un don que se conquista todos los días.

Sí, la esperanza también se puede cultivar en los lugares más oscuros de nuestro mundo y de nuestra vida, pero es un trabajo de cada día, de cada instante.

A cada uno, cada una de ustedes, les deseamos un año 2026 donde la esperanza pueda continuar germinando, donde la vida pueda brotar poco a poco desde nuestros sufrimientos y de los del mundo.

Las hermanitas de Jesús