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Cuando los objetos nos hablan…

Acabo de llegar al Tubet y me sumerjo en el trabajo para terminar la preparación del Espacio-Memoria dedicado a la hta. Magdalena que abrirá el 13 de noviembre. Deseo mucho que en la «Casa Madre» podamos hacer memoria de ella, de su vida, conocer mejor su espiritualidad.

¡Cuántas hermanitas han pasado por aquí, cuantos grupos encontraron aquí un espacio de renovación, de reflexión! Así que, una vez más, aquí estoy inmersa en “su” armario. Este armario de los tesoros donde están guardados ciertos objetos que pertenecieron a la hta. Magdalena… objetos que hay que clasificar, registrar, proteger, para conservarlos en vistas al futuro.  ¡Pero sería una pena que se quedaran encerrados en un armario! Esta vez, gracias a la preciosa colaboración de dos amigas de la Fraternidad, Malika y Maha, los saco para exponerlos de manera bien visible en vitrinas.

Están ahí, con algo de desorden, pero bien conservados. Los paso y vuelvo a pasar por mis manos, porque cada objeto me habla, me hace entrever una historia que se desenvuelve a través de los años transcurridos… Y la vida de la hta. Magdalena se despliega entre mis manos. Me dejo conducir, escucho la “voz” de cada objeto.

Un maletín de médico… Me cuenta la vida del Sr. Hutin, su papá. Fue él quien transmitió a su hija el amor por los países de África y por el mundo árabe.

En 1914, la familia Hutin se estableció en Aix-en-Provence, después de muchas mudanzas. Pero muy pronto la guerra aporta su cuota de sufrimientos en esta familia. Muy pronto la hta. Magdalena se encuentra enfrentada a la muerte de personas de su familia, al dolor causado por la guerra, por las fronteras, por las diferencias entre clases sociales…

A los 27 años, debido a la muerte repentina de su padre, Magdalena se encuentra como único amparo de su madre.

Y ahora, delante de mis ojos, pasan dos panderetas, de colores delicados… me detengo para observar bien los detalles: ¡qué finura! Estos objetos me hablan de su creatividad y del toque artístico del que estaba dotada. Me hablan también de las fiestas benéficas que organizaba en Nantes. Allí, durante 8 años, Magdalena trabajó como directora en el colegio de las hermanas del Sagrado Corazón. Era muy sensible a la realidad del barrio pobre cercano al colegio, y se entrega de lleno a abrir y animar una escuela popular para las niñas del mundo obrero. Para cubrir los gastos, fabrica objetos para vender: ahora los tengo entre mis manos. Es el tiempo de la larga espera, porque al mismo tiempo continúa soñando con poder partir hacia Argelia, siguiendo los pasos de Carlos de Foucauld: desde 1921 conserva en el corazón el deseo de consagrar su vida al Señor en el corazón del Sahara

Pero proseguimos con el orden. Ahora tomo en mis manos objetos un poco extraños para mí… y procuro comprender: ¡son las lámparas que se utilizaban en el desierto! La primera fraternidad empezó en un pequeño oasis del Sahara argelino, cerca de un pozo donde los nómadas iban a abrevar sus animales. Hay que tener en cuenta que, en el tiempo de la fundación, en Touggourt, no había electricidad.

En 1936, Magdalena pudo por fin partir para Argelia con una compañera que tenía el mismo ideal. El 8 de septiembre de 1939, cuando se acababa de declarar la segunda guerra mundial, pronuncia los votos y funda la Fraternidad de las Hermanitas de Jesús. Ella desea que esta congregación esté consagrada a las poblaciones nómadas de Argelia.

¡Su sueño estaba realizado, pero mucho camino la esperaba aún!! No imaginaba que sería llamada a «sembrar chispas de amor» en el mundo entero. Los otros objetos que están aquí delante de mí dan testimonio de ello. Las experiencias de su juventud la llevarán a ir hacia los más lejanos, a atravesar todo tipo de fronteras más allá de las diferencias de pueblos, culturas, lenguas, ambientes sociales, creencias religiosas… “Quisiera poner una chispa de amor en cada rincón del mundo… Una chispa provoca incendios de bosques en Provenza. ¿Por qué no podría crear hogueras en el mundo entero?»

¡Ahora, me toca a mí continuar el trabajo! Mi corazón se ensancha al pensar en todas las personas que vendrán al Tubet y también se dejarán tocar por esas chispas de amor…y continuarán así respondiendo al deseo que la hta. Magdalena expresaba en 1988:

 «Quise venir al Tubet para celebrar mis noventa años, porque el Tubet tiene que continuar siendo la casa de familia para todas. Vine porque quisiera que el Tubet tenga un lugar grande. En los años 1954-1955, venían 50, 100 chicas interesadas. Quisiera que esta casa estuviera llena de vida… que se reciban aquí grupos… que se haga de vez en cuando el noviciado… que vivamos aquí con paz, alegría y amor.”

Hta. Paola-Francesca