Cambio de perspectiva

La vida nos pide a menudo que nos adaptemos, que cambiemos o que nos mudemos… Es un desafío, pero también una oportunidad para empezar de nuevo. Las hermanitas de Viena, en Austria, acaban de vivir esta experiencia.
¡Uf! Menudo trabajo titánico: ¡empacar todo, volver a desempacar y encontrar un nuevo lugar para cada cosa! La mudanza está ahora prácticamente terminada.
Por primera vez, estoy sentada ante mi escritorio en este nuevo lugar y miro por la ventana. Todavía me cuesta creerlo. Desde hacía algún tiempo nos preguntábamos si no deberíamos buscar una nueva vivienda en Viena. Entonces apareció este apartamento como caído del cielo y todas sentimos que se trataba de un «kairos» que no podíamos dejar pasar. Decidimos mudarnos bastante rápido. ¡Y ahora ya estamos aquí!
Sentada así, mi vista ha cambiado mucho. Hasta hace unos días, la hermosa iglesia de San Antonio se ofrecía a mi mirada. Hemos vivido 21 años en la plaza de la iglesia y disfrutábamos de aquella vista. También apreciábamos poder ir a misa a solo unos pasos de casa. La vista de la estatua de Cristo sobre la cúpula fue muchas veces, para mí, una fuente de consuelo y una invitación a la oración. Allí está Cristo, velando por la ciudad y bendiciéndola.
Cuando miro ahora por la ventana, veo una gran parte de esa vida que Cristo bendice. Veo edificios de viviendas y un pequeño parque lleno de árboles y de niños que juegan. Veo personas que miran por la ventana, ropa tendida en los balcones, luces durante la noche… Veo la vida y me alegro por ello. Es extraño hasta qué punto ya nos sentimos en casa en este nuevo apartamento.
Hemos dejado nuestra colina y ahora vivimos muy cerca de un mercado, en pleno corazón del barrio. Ahora disponemos de una habitación más y de una entrada accesible para personas con movilidad reducida. Desde hace poco somos cuatro, y todo esto ya nos está ayudando en este momento y, sin duda, también nos ayudará en el futuro. Además, seguimos en un entorno que conocemos y cerca de las personas que nos importan.
Sin la ayuda de tantas personas, esta mudanza no habría sido posible. Durante estas últimas semanas hemos recibido mucha bondad, así como un gran apoyo, incluso económico. Siempre resulta conmovedor constatar hasta qué punto nuestra propia pobreza despierta la buena voluntad de los demás. «Mi gracia te basta, porque es en la debilidad donde mi poder se manifiesta plenamente». (2 Co 12,9) Sí, la fuerza y la providencia de Dios nos han sostenido de manera tangible durante este difícil período de transición. Muchos detalles fueron encajando de una manera extraordinaria.
Nuestro nuevo entorno es mucho más sencillo y la situación de las personas es más precaria. Es más ajetreado, más ruidoso, más sucio… En nuestros primeros encuentros con este barrio tan multicultural, recibimos palabras y gestos de una cálida bienvenida. Algunos nos ayudaron activamente desde el primer momento, llevando cosas o poniendo sus servicios a nuestra disposición. Incluso les ofrecieron bebidas a quienes nos ayudaban con la mudanza. ¡Es realmente conmovedor!
Tenemos la suerte de poder empezar de nuevo. En esta etapa de nuestra vida, esta oportunidad es un verdadero regalo que no podemos dar por supuesto. ¡Qué suerte habernos atrevido a dar el paso! Ya desde hoy parece que ha valido la pena.
Hta Sabine con hta Anita-Maria, Brigitta-Maria y Waltraud-Irene

